Títulos

Cuando me quede sin palabras solas,
inequívocas y contundentes,
tendría que empezar
a titular con frases
largas y enrevesadas.
O con términos simples,
cotidianos y sólo vagamente
metafóricos.
Así, llamaré cerilla o llamaré Vesubio a los poemas
que hablen de la pasión,
según intensidades.
Y llamaré copo de nieve a tu silencio hostil
agazapado...
Gastados ya los sueños
y sus insomnios
tendré que recurrir a la almohada o al colchón,
al edredón o al cubrecamas
para hablar de las noches que te echo de menos.
Gastados el amor y los reflejos,
las pesadillas, las tardes, las palabras
para Aitana,
tendré que recurrir al beso, a los espejos,
a huidas sin sentido y a mañanas de lunes...
Pero no puedo quedarme sin palabras.
Podría llamar coche, tren, avión o barco
a todos los poemas de viajes
y refugio, casa, sofá, manta o chimenea
a los que hablen de quedarse en casa.

O podría titularlos todos
con tu nombre
y así no harían falta más palabras.

©Santiago Pérez Merlo




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