La espera

Odio esperar
pero no me desespero en las esperas.
De vez en cuando,
es conveniente que sea el tiempo
el que marque las pausas
Los relojes blandos. Salvador Dalí.
que normalmente le hurtamos.
Que nos deje tirados
en una carretera secundaria
o a la puerta del burdel
esperando a que se desocupe
nuestra puta favorita.
Que nos ponga en pelotas
detrás de un biombo
mientras el proctólogo
se ajusta los guantes
y habla por teléfono…
(Quizá, después de todo,
lo peor no sea la espera).

Una vez aposté
que podría esperar toda la vida
a la mujer de mis sueños.
No se si estoy en el camino
de ganar
o de perder la apuesta.

©Santiago Pérez Merlo

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