Como la luna

Parece que estás,
llena como la luna de esta noche,
pero menguas, menguas, menguas
hasta desaparecer.
Y vuelves a crecer hasta llenarte
de nuevo. 
En esos intervalos, 
a mi sol
le cuesta brillar.

Viceversas

La pesadilla puede preceder al sueño.
El espejismo puede 
suceder a la imagen
que se ha contemplado 
en el escaso charco del oasis.
La calma y las tormentas 
se suceden también. 
A veces, a plena luz del sol,
se ve la luna
(pero nunca al revés, en este caso).
La mar -mi mar es femenino
por lo que se ve- 
crece y disminuye
al antojo de mareas.
El desamor puede 
preceder al amor.

A la muerte siempre 
la precede la vida.
Después, 
ya no hay viceversa que valga.


Una noche como esta

En las noches de lluvia y de tormenta,
cuando los poetas salen a la calle
a pisar charcos y las hojas del otoño,
a empaparse y contemplar 
la luz de la luna 
cruzada por los rayos 
y cantar al estruendo de los truenos,
yo me encierro en mi casa...
Prefiero esperar para ver
si mañana sale el sol
que ser poeta.

Prefiero tu luz
a la triste soledad bajo la lluvia.

Des-abandono

Ha venido Campanilla y ha traído 
un ejército completo 
de luciérnagas y mariposas.
Me han sacado a empujones de la cueva 
(también hubo caricias y aleteos).
Me han obligado a asearme y me han puesto 
un poemario de Goethe entre las manos.
Y una pluma. Y un puñado de cuartillas.
Me han llevado volando a ver el mar
y me han enseñado 
palabras nuevas y hasta nuevos silencios 
(¡tan distintos!).
Y he dormido sobre un lecho de hierba
y he sido feliz al despertar...

Tal vez sólo he soñado. 

Otro cuento

Una vez, conocí a un poeta
que se preciaba de serlo.
Y cuanto más se preciaba,
menos poeta era.
Y conocí a dos poetisas
(aunque sea palabra maldita)
que siempre negaron serlo.
Y cuanto más se negaban,
más poetisas (o poetas) eran.

Una vez, conocí a un gato 
(Ícaro, se llamaba)
que se creía tigre y cazaba mariposas.
Y conocí a un perro 
(Cholo era su nombre)
que se creía lobo y aullaba 
siempre al alba y al resto de animales.

Y una vez vi en el espejo
a un fantasma 
que se creía un hombre. 

Cuentos

Pero al final el lobo
se comió a Caperucita.
Campanilla jamás existió 
y Peter Pan se hizo viejo
sin vencer a ningún Garfio.
Hansel y Gretel mataron a la bruja,
pero nunca hubo una casa comestible.
Nos han engañado
con todos esos cuentos. 
Y el peor cuento de todos,
y el mejor,
es esa cosa que llamamos “vida”.