Miedos

No me asustan los caballos. 
Ni los lobos.
Ni siquiera los leones. 
No me pierdo en los bosques
ni suelo pasar sed en el desierto.
No me da miedo la vida
y me río en los espejos 
del “callejón del Gato”
tanto como en los normales. 
La deformidad es la de uno, 
no la de su reflejo. 
No me da miedo el amor. 
Me da miedo la mentira 
del corazón de los hombres.
Me dan miedo la envidia,
la codicia, la ceguera...

Me da miedo tu ausencia.

Vivir

La vida no son sólo gorriones
rebuscando “miguitas”:
también deben vivir las aves carroñeras.
La vida no son sólo mariposas:
también hay polillas y gusanos.
La vida no son sólo delfines 
y medusas danzarinas:
también hay erizos y peces araña.
La vida no son sólo estrellas y planetas:
también existen los agujeros negros.
La vida no son sólo mentiras y verdades:
la vida es, sobre todo, incertidumbre.

Pero la vida es vida.
Lo demás es la muerte. 

Espacio

El espacio es la distancia entre dos cuerpos.
El espacio es, también, un transcurso 
de tiempo entre sucesos.
Hay espacios abiertos y cerrados,
espacios vitales, espacios exteriores.
Espacios que separan, simplemente,
dos palabras escritas 
(por ejemplo “te—quiero”).
Hay espacios imposibles de llenar, 
espacios siderales, desiertos e imaginarios.

Y hay espacios infinitos. 
Que dan miedo.

No-despedida

No puedo despedirla.
No fue mía jamás porque nunca es de nadie:
mucho menos de aquellos
que tratan de aprehenderla.
No es de nadie su vuelo,
ni sus pasos descalzos, 
ni su danza secreta en los umbrales.
No son nunca de nadie 
sus luces encendidas, sus descuidos,
sus miradas ausentes,
sus lunas apagadas,
su música silente.
No es de nadie su altura
ni su cuerpo: ni las manos que pintan
poemas en el aire.
Y no existe tampoco en ningún libro
por más que se empecinen
todos los aprendices de poeta.
No. Ella no tiene dueño.
¿Cómo decirle adiós 
a quien nunca tuviste 
por más que alguien dijera 
que sí, que tú la conocías?

Corrección

¿Cómo pedirle al ave que no vuele?
¿Cómo pedirle al mono 
que no se suba al árbol?
¿Cómo pedirle al mundo que no gire
y al sol que no ilumine cada día?
Ni siquiera los dioses 
podrían aspirar a que cambie su obra.
¿Cómo pedir que veas por mis ojos
si tú tienes los tuyos
(tan abiertos, tan cerrados)?
¿Cómo voy a decir yo
lo que es correcto?

Abismo

Iba a decir a veces, 
pero es a menudo,
demasiado a menudo que la vida
te sitúa al borde del abismo. 
Y no hay muchas opciones:
saltar, darse la vuelta,
quedarse simplemente 
contemplando el vacío
o agarrar esa mano 
que a veces (sólo a veces)
te tienden 
y seguir paseando
sin alejarse mucho 
del borde del abismo. 

Adentro

Es un dolor extraño. 
Como una punzada en el pecho,
pero hacia la derecha: 
no es el corazón.
O eso dicen. 
No parece  un infarto
ni una angina, es más 
como una contractura,
haber cogido frío...
Sí, seguramente es eso: 
únicamente el frío 
que se clava en los huesos.
O más adentro.