Contraindicaciones

“No hay contraindicación
para volar”; así reza 
el último parte del doctor. 
Ni siquiera se fijó 
en que no tengo alas. 

Siete días

Hace una semana.
Y aquí estoy, cumpliendo 
con los tópicos:
salpicando en los charcos,
celebrando la lluvia.
Y la vida.
Deseando que pase 
una semana más. 
Y luego otra. 
Y que siga lloviendo 
o que salga el sol 
“por donde quiera”.
Hace ya una semana. Todavía.
Sigo midiendo el tiempo 
en los días que faltan 
para volver a verte. 

El puente

He vuelto, una vez más,
a atravesar el puente 
y decidí volver: 
no era todavía el momento de partir.
Me quedan muchas cosas por hacer
y volví a ganar la apuesta...
o tal vez me dejaron ganar 
y me alegro, en este caso, del engaño.
El caso es que me quedo de esta parte: 
y lo hago por ti, también por ti.
Y por vosotros.
Y lo hago por nosotros.
(Cada uno sabe cuál es su pronombre).

El puente sigue tendido...
pero puede esperar.

Sin escape

La tristeza, el dolor, el malestar
no se buscan:
es más, se huye de ellos.
O se intenta. 
Y sin embargo, a veces, 
se te incrustan en el alma
como si no hubiera otra cosa.
Y no puedes huir.
No te dejan escapar. 
Soledad es soledad.
Tristeza es tristeza.
Y, a veces, alegría es alegría.
No hay más versos.

Sueños

Dormir contigo cada noche.
Y no, no hablo de sexo 
(aunque también lo añore).
Dormir contigo y sentir tu abrazo
o el simple roce de una mano,
de un pie incluso.
Saber, sentir que estás ahí.
Y no sólo soñarlo. 

Felino

Me ganan la tristeza 
y la desazón.
A mí, que siempre fui
el leon que ruge fuerte 
en la nieve o la sabana.
Y hoy soy un gatito 
indefenso.