Mar

Paso, como el agua,
de la furia de las olas en la tempestad 
a la melancolía de la mar en calma. 
Las mareas no me son favorables.
La luna 
se convirtió en enemiga. 
He perdido los mapas
de la isla del tesoro. 
Y el faro se apagó
cuando más cerca estaba
del acantilado. 

Silencio

El mundo no sabe lo que yo siento.
(¿Qué le importa al mundo
lo que yo sienta?).

Se inventó el lenguaje 
para que falsos profetas
-y poetas presuntos, charlatanes-
le contaran al mundo 
qué le importa y a quién. 
Era mejor el silencio…
los gruñidos, los gestos, las caricias. 
Yo guardo mi palabra 
para que alguien la pida. 
Y si no se rompiera lo ya dicho,
olvidaré de una vez por todas
hasta mi propia voz. 
Y tal vez muera.
O vuelva a nacer.

Astronauta

Todo es oscuridad alrededor.
El aire llega 
dentro de la escafandra,
pero fuera no se puede respirar. 
Todo es silencio y soledad. 
Pero aún flotas sostenido 
por el cable 
que está a punto de romperse.
Después, 
                     nada. 

Déjame

Déjame que te acune,
que te cante una nana 
o te lea -como hice otras veces-
poemas al oído;
compartir un cigarro 
a la luz de tu luna. 
Déjame que te planche la ropa
y haga la comida,
que vaya al supermercado…
Deja que me acurruque junto a ti 
y sienta tu respiración. 
Déjame que haga planes 
que no se cumplirán.
Déjame escribirte poemas.
Déjame preocuparme, desear…
Déjame soñar contigo. 
Déjame que te quiera.

O déjame. 

Perdido

Colocaron un dique 
y el río cambió su curso,
aunque seguía circulando, silencioso,
por donde siempre lo hizo.
Pero yo no lo veía.

Pusieron una rotonda 
en mitad de mi calle de siempre.
Pero seguí cruzando 
como si no existiera. 

Apagaron el faro y acabé 
estrellándome contra las rocas. 

De noche

He soñado, 
en otra noche de insomnio,
que dormía y que soñaba 
que la vida 
se rompía en pedazos
y una casi muerte
los juntaba 
y empezaba la vida.
Y la muerte y la vida 
de la mano
convertían en vivo lo soñado. 
Y después, como el poeta ilustre, 
después...
“soñé que soñaba”.