Túneles

Y después del túnel,
otro túnel sin luz.
No hay claraboyas
ni, mucho menos, un resplandor
que te llame a lo lejos
(¿será buena o mala señal?).
Y no puedes dejar de caminar,
no puedes detenerte,
hay que seguir, pero
¿hacia dónde en esta oscuridad?
¿Cómo evitar la angustia?

Cerrar los ojos y soñar:
ahí está la luz que no sabes
cuándo volverás a ver.

Palabras

Las veo acercarse:

silencio, humo, ceniza,

fantasma, camino, amor,

soledad, bosque, mar,

piedra, espejo, pozo...

Revolotean unas como mariposas,

otras como avispas.

Ya no las persigo.

Ya no las odio.

Las dejo ser a mi alrededor:

que sean ellas mismas

-si es lo que quieren-

quienes escriban el poema. 

El mío es este silencio.

Y un leve batir de alas. 

El abrazo

Abrazarte
con la desesperación
del náufrago que se aferra
a la tabla que escapó 
de la embestida del mar.

Abrazarte 
con la ternura 
con la que cualquier animal
-incluidos nosotros-
protege a su cría.

Que nada 
y todo el universo
quepan en ese abrazo. 

Enceguecer

Quisiera cerrar los ojos

y no ver; mejor:

vaciarme las cuencas

o que un animal salvaje

arranque los globos de mi cara

con su aliento caliente.

No ver 

a los hombres.

No ver 

el suelo que pisamos. 

No ver

más allá de lo que ven los otros...

aunque para eso 

no utilice la vista:

tendría que arrancarme el alma. 

Y estaría tan ciego como ustedes.

Tal vez sería feliz. 

Igual que ustedes. 

Mirlo

He salido de mí.
Ya no soy yo. 
Ese que está enamorado, deprimido 
o absorto contemplando
un mar que no se ve, 
ya no soy yo.
Ahora soy un personaje 
de mí mismo, un embustero más.
Todo, por tanto, es mentira.
No hay amor ni depresión 
ni languidez de las olas
en un -falso- atardecer
en este amago de poema. 
Esto que veis 
es un mirlo que ni siquiera canta:
apenas pía 
sobre un cable de la luz
desde el que no se ve el mar. 

Jubilación

Quise ser redero, anudar 
los hilos sueltos 
y cerrar la trama para que ningún pez
pudiera resistirse a su captura.
Pero me he retirado:
ya no aspiro a pescar, 
prefiero ver a los peces, 
a las medusas que a veces se perdían,
nadar libres y bailar
sin proclamar su brillo.
Ese brillo fugaz es falso en tierra.
Quiero seguir navegando.
Pero dejé en el puerto
todos los aparejos y las redes. 
Era yo, pescador, el capturado.