Sin escape

La tristeza, el dolor, el malestar
no se buscan:
es más, se huye de ellos.
O se intenta. 
Y sin embargo, a veces, 
se te incrustan en el alma
como si no hubiera otra cosa.
Y no puedes huir.
No te dejan escapar. 
Soledad es soledad.
Tristeza es tristeza.
Y, a veces, alegría es alegría.
No hay más versos.

Sueños

Dormir contigo cada noche.
Y no, no hablo de sexo 
(aunque también lo añore).
Dormir contigo y sentir tu abrazo
o el simple roce de una mano,
de un pie incluso.
Saber, sentir que estás ahí.
Y no sólo soñarlo. 

Felino

Me ganan la tristeza 
y la desazón.
A mí, que siempre fui
el leon que ruge fuerte 
en la nieve o la sabana.
Y hoy soy un gatito 
indefenso.

Tiempos

Cada uno tiene el tiempo que le corresponde:
tanto el que le dan
como el que uno mismo concede 
a quienes le rodean.
“Nadie está ocupado todo el tiempo”,
reza un viejo proverbio.
Y nadie tiene todo el tiempo
a su disposición, añado.
La vida, y más aún la muerte, 
son los únicos relojes.

Como la luna

Parece que estás,
llena como la luna de esta noche,
pero menguas, menguas, menguas
hasta desaparecer.
Y vuelves a crecer hasta llenarte
de nuevo. 
En esos intervalos, 
a mi sol
le cuesta brillar.

Viceversas

La pesadilla puede preceder al sueño.
El espejismo puede 
suceder a la imagen
que se ha contemplado 
en el escaso charco del oasis.
La calma y las tormentas 
se suceden también. 
A veces, a plena luz del sol,
se ve la luna
(pero nunca al revés, en este caso).
La mar -mi mar es femenino
por lo que se ve- 
crece y disminuye
al antojo de mareas.
El desamor puede 
preceder al amor.

A la muerte siempre 
la precede la vida.
Después, 
ya no hay viceversa que valga.