Detrás del cristal

Esquirlas de los huesos del pasado 
golpean los cristales del futuro
como gotas de lluvia 
convertida en granizo.
Detrás de las ventanas 
las veo llegar, estamparse y rodar
hasta el alféizar.
Alguna, un poco más grande,
logra sobresaltarme y cierro los ojos.
Pero no retrocedo, firme
frente al cristal me creo protegido.
“No podrán atravesar 
la ventana del futuro.”
No sé si tengo en realidad
ese convencimiento
o rezo una oración. 

Negro

No en el gris oscuro que ves
cuando cierras los ojos 
antes del primer sueño.
Abajo. Más abajo. Cuando llega 
el negro absoluto 
en mitad de la noche.
El negro más negro 
del sueño más negro.
Las verdades más negras.
Ahí veo la luz 
que brilla intensamente 
como el rayo de sol de un nuevo día.
O como el resplandor de una guadaña.

Celeste

Dame tus estaciones,
tu lluvia, tus borrascas.
Dame tus mareas 
y tus cambio de luna, dame 
el amanecer y la noche más oscura.
Dame las explosiones 
de las supernovas, 
las estrellas fugaces,
los agujeros negros.
Dame el sol, los planetas,
el big bang y el fin del mundo,
que yo sabré encontrarte 
en alguna galaxia no explorada.

Tú eres mi Universo. 

Fidelidad

He pensado serte infiel:
meterme en otra cama, acariciar 
con mis manos otra piel,
besar otras espaldas, otros labios. 
Al fin y al cabo, 
¿qué serían dos cuerpos sudorosos, 
atrapados,  si la mente 
iba a estar en otra parte? 

He pensado serte infiel: 
sacarte de mi cabeza y soñar 
que me uno a otras almas;
anudar mi pensamiento 
a alguien que no fueras tú... 
Al fin y al cabo, 
¿qué serían dos espíritus errantes 
en algún universo paralelo
si sus dedos no se rozan?

Lo he pensado. 
Y no puedo. 

Hace tiempo

Cuando eres pequeño te transformas en una persona distinta todos los años.” 
                          Alice Munro


Hace tiempo no saludo
al Ratón Pérez, a las hadas
de los bosques, a los gnomos.
Hace tiempo que no hablo
con el monstruo que vive 
debajo de mi cama.
Hace tiempo que no escribo
una carta a los reyes.
Hace tiempo, mucho tiempo, 
que no veo volar a Superman.
Y hace tiempo que no piso una iglesia.
Hace tiempo que no hago
un castillo de arena
ni monto en una bici.
Hace tiempo que no toso 
con el primer cigarro
ni voy a discotecas. 
Hace tiempo que no estudio 
latín, ciencias sociales...

Hace tiempo que me hice mayor.
Y me sigo sintiendo tan pequeño.

Ciegos


¿Cuándo comenzó la ceguera del ciego
que no quiso ver?
¿Cuándo se puso la venda?
¿Cuándo decidió tapar
todos los espejos
que había en sus alcobas,
apagar todas las luces,
y deambular a tientas por la vida
repitiéndose “yo veo”?
Se pensaba libre. 
E inmortal.
Hasta el día que rodó
escaleras abajo.

La fuente

De uno de los caños mana 
un chorro poderoso, enorme.
Los niños se arraciman 
armados de globos, pistolas de agua,
botellas gigantes recicladas de refrescos.
Beben a grandes sorbos, juegan, brincan,
se empapan los unos a otros
y vuelven a la carga. 

Justo enfrente, de otro caño sale 
un hilillo de agua. Viene seguramente 
del mismo manantial y sin embargo
todo en este lado es mucho más lento.
Una niña llena pacientemente 
un vaso y se lo ofrece a otra.
Ambas beben a traguitos cortos,
sosegados. 

Imposible saber quién disfruta más del agua.
Imposible saber qué piensa la fuente.
Imposible saber qué siente el manantial.