A toda vela

Fui a coger un tren 
y no había raíles.
Fui a coger un avión 
y no volaba.
Un barco, sólo un barco
puede hacerme navegar 
entre el cielo y las nubes.
Y amerizar 
junto a la isla de Nunca Jamás 
o a un acantilado de sirenas.
Que nadie ose 
invitarme a crecer.
Que nadie ose
taparme con cera los oídos. 

El rebaño

Ya no quedan pastores.
Los corderos, inocentes,
corretean entre las patas 
de estúpidas ovejas
que miran las pantallas 
como antes veían pasar los trenes.
Ni siquiera a la hierba 
le prestan atención.
El lobo las pastorea.
Y van muriendo de hambre,
a sus pies. 
Procuremos salvar a los corderos.

“Ad infinitum”

Cuando todo ya se ha dicho:
han hablado las palabras,
han gritado los silencios,
han susurrado los cuerpos.
Cuando ya se han agotado las miradas
porque han visto
y se han reflejado en la otra pupila
y han mirado por dentro y desde dentro,
y fuera y con los ojos
                                           cerrados.
Cuando todo el amor es demasiado amor
y aún no es suficiente.

Es el momento de seguir diciendo,
de seguir mirando: 
de seguir amando... ad infinitum.

La casa

He soñado una casa 
llena de habitaciones.
Y en cada habitación 
se oye una música distinta,
se escuchan risas diferentes
y voces infantiles
y poemas.

He despertado y me he puesto a construirla.
Y he instalado alarmas y radares
para que no entre el ruido,
la tristeza.
He prohibido también 
el paso a los fantasmas. 
Ya no pueden entrar.
Pero los que vinieron con nosotros
ya no pueden salir. 
Hemos de firmar un pacto
para hacer que se sumen a las risas, 
a la música y, ¿por qué no?, 
también a los poemas.
Y hemos de convivir con ellos.

Detrás del cristal

Esquirlas de los huesos del pasado 
golpean los cristales del futuro
como gotas de lluvia 
convertida en granizo.
Detrás de las ventanas 
las veo llegar, estamparse y rodar
hasta el alféizar.
Alguna, un poco más grande,
logra sobresaltarme y cierro los ojos.
Pero no retrocedo, firme
frente al cristal me creo protegido.
“No podrán atravesar 
la ventana del futuro.”
No sé si tengo en realidad
ese convencimiento
o rezo una oración. 

Negro

No en el gris oscuro que ves
cuando cierras los ojos 
antes del primer sueño.
Abajo. Más abajo. Cuando llega 
el negro absoluto 
en mitad de la noche.
El negro más negro 
del sueño más negro.
Las verdades más negras.
Ahí veo la luz 
que brilla intensamente 
como el rayo de sol de un nuevo día.
O como el resplandor de una guadaña.

Celeste

Dame tus estaciones,
tu lluvia, tus borrascas.
Dame tus mareas 
y tus cambio de luna, dame 
el amanecer y la noche más oscura.
Dame las explosiones 
de las supernovas, 
las estrellas fugaces,
los agujeros negros.
Dame el sol, los planetas,
el big bang y el fin del mundo,
que yo sabré encontrarte 
en alguna galaxia no explorada.

Tú eres mi Universo. 

Fidelidad

He pensado serte infiel:
meterme en otra cama, acariciar 
con mis manos otra piel,
besar otras espaldas, otros labios. 
Al fin y al cabo, 
¿qué serían dos cuerpos sudorosos, 
atrapados,  si la mente 
iba a estar en otra parte? 

He pensado serte infiel: 
sacarte de mi cabeza y soñar 
que me uno a otras almas;
anudar mi pensamiento 
a alguien que no fueras tú... 
Al fin y al cabo, 
¿qué serían dos espíritus errantes 
en algún universo paralelo
si sus dedos no se rozan?

Lo he pensado. 
Y no puedo. 

Hace tiempo

Cuando eres pequeño te transformas en una persona distinta todos los años.” 
                          Alice Munro


Hace tiempo no saludo
al Ratón Pérez, a las hadas
de los bosques, a los gnomos.
Hace tiempo que no hablo
con el monstruo que vive 
debajo de mi cama.
Hace tiempo que no escribo
una carta a los reyes.
Hace tiempo, mucho tiempo, 
que no veo volar a Superman.
Y hace tiempo que no piso una iglesia.
Hace tiempo que no hago
un castillo de arena
ni monto en una bici.
Hace tiempo que no toso 
con el primer cigarro
ni voy a discotecas. 
Hace tiempo que no estudio 
latín, ciencias sociales...

Hace tiempo que me hice mayor.
Y me sigo sintiendo tan pequeño.

Ciegos


¿Cuándo comenzó la ceguera del ciego
que no quiso ver?
¿Cuándo se puso la venda?
¿Cuándo decidió tapar
todos los espejos
que había en sus alcobas,
apagar todas las luces,
y deambular a tientas por la vida
repitiéndose “yo veo”?
Se pensaba libre. 
E inmortal.
Hasta el día que rodó
escaleras abajo.

La fuente

De uno de los caños mana 
un chorro poderoso, enorme.
Los niños se arraciman 
armados de globos, pistolas de agua,
botellas gigantes recicladas de refrescos.
Beben a grandes sorbos, juegan, brincan,
se empapan los unos a otros
y vuelven a la carga. 

Justo enfrente, de otro caño sale 
un hilillo de agua. Viene seguramente 
del mismo manantial y sin embargo
todo en este lado es mucho más lento.
Una niña llena pacientemente 
un vaso y se lo ofrece a otra.
Ambas beben a traguitos cortos,
sosegados. 

Imposible saber quién disfruta más del agua.
Imposible saber qué piensa la fuente.
Imposible saber qué siente el manantial.

Terrenal


No sueño con volar 
como las aves o las mariposas:
yo simplemente sueño
que estoy en un avión.
No siempre sé leer 
los espacios que quedan 
entre las palabras.
No adivino jamás 
las formas, los secretos que ocultan
las pinturas abstractas.
No imagino ni un cuerpo,
ni una cara, unas manos,
una espalda que no sea la tuya 
cuando bailas casi a solas.

Pero puedo volar. Y soñar.
Sé leer sobre todo en los ojos.
Adivino algunas cosas e imagino.
Y puedo acariciar. 

La huida


Huimos de la realidad. 
Buscamos en los sueños, 
la poesía, la música...
algo que nos libere de las esclavitudes.
Metemos la cabeza como el avestruz,
como los topos ciegos cavan sus madrigueras.
Pero el sol sigue quemando.
Y las nubes -tan negras a veces-
siguen tapando su luz.
Y nosotros huimos, huimos,
corremos sin destino.
Pero no escapamos. 

"Nowhereland"



No es lugar para el sueño
la noche.
No es lugar para el viaje
el camino empedrado.
No es lugar para la espera
el calendario.
No es lugar para la duda
el corazón de otro. 
No es lugar para el amor
esta cama vacía.
No es lugar para la vida
tanta y tantas soledades.

No hay lugares ahí afuera que alberguen
lo que se lleva dentro. 

Tengo manos...


Tengo manos de viejo: 
arrugadas, resecas,
llenas de manchas,
con las venas marcadas. 

Las manos son 
el espejo del alma. 

Avifauna


No envidio del halcón 
su rapidez de vuelo.
Me da pena el canario 
encerrado en su jaula.
Detesto a las gallinas
en sus apestosos gallineros 
persiguiendo al gallo.
Recelo de ladrones y mendigos
como gaviotas, urracas y palomas.
Admiro la mirada limpia, enorme
de búhos y lechuzas.
No me gustan los loros, las cotorras
que sólo repiten, como los papagayos.
Quiero a los gorriones 
y a los mirlos.
Siempre espero que vuelvan
“las oscuras golondrinas”
y las cigüeñas a los campanarios.

Si me dan a elegir,
prefiero el vuelo pausado,
majestuoso del águila real.
Y, como mucho, me quedé en pingüino. 

Triángulo


Corre, date prisa, no te pares:
tu amor te está esperando
en la siguiente vuelta del camino. 
Apresúrate, no dejes 
que se pierda de nuevo 
en la niebla o en la confusión.
Si sabes que le amas, que os amáis,
¿a qué demorar la entrega?
¿para qué negar lo que es tan evidente? 

Y no sufras por mí: 
ambos sabemos que siempre fui un intruso,
un remiendo de cuerpo que nunca cosió el alma.
Yo no entiendo de almas ni de planos paralelos. 
Sólo soy carne mortal, corteza sin savia.
Soy el árbol que no tiene frase.
Mi papel en esta obra es ver cómo te alejas.

No es igual decir “gracias”
que estar agradecido.
No es lo mismo un “te quiero”
que el amor.
Es distinto tener miedo que afirmar
“estoy asustado”. 

Las palabras casi nunca alcanzan. 
El corazón no es una laringe.

Vanitas

“Otra vez, retrato de mí mismo:
hace dos años publiqué este libro...
y este otro hace alguno más.
Os lo recuerdo porque sé
que sois estúpidos y/o desmemoriados
(y porque necesito la aquiescencia más que el aire...
pero eso no lo digo).
Ah, y ya antes incluso de saber escribir,
le dictaba poemas al maestro:
tenía tres añitos (como se ve en la foto).
Yo es que antes de nacer ya escribía versos
en el vientre de mi madre:
ahora soy POETA
(o quizá novelista, tanto da).
¿No me reconocéis? Qué poco gusto.
¿Aún no sabéis quien soy? Panda de ineptos.
¿No sabéis que no tengo laureles 
porque finjo desdeñarlos
pero tengo en mi casa una maceta llena
(aunque sé que es venenoso)?
Me dais pena, ignorantes. 
LITERATURA soy yo 
y vosotros creéis que está en los premios
y en los estantes de grandes almacenes
(justo en ese lugar que YO merecería).”

(...Podría habérmelo inventado todo,
pero basta leer 
a algunos “escritores”).


La vida no es 
una playa solitaria, una palmera 
y dos cuerpos desnudos contemplando
una puesta de sol.
La vida no es 
un sueño eterno ni un camino de baldosas 
amarillas 
ni un campo de amapolas
y trigales 
ni un lecho de amor en el desierto.

La vida son problemas de trabajo,
dolores de cabeza, hijos enfermos,
ex maridos y ex mujeres 
que no hay quien los soporte,
aburridísimas cenas familiares,
un ratito de paz de vez en cuando
(qué placer leer un libro),
interminables listas de la compra,
más dolores de cabeza...

Pero triste existencia la de quien
no vea que también en todo eso
habita la poesía. 

Cachorros

Quizá velamos nuestros propios sueños
(o nuestras pesadillas)
mientras pensamos velar
a los que más amamos.
Quizá su luz
encendida
es la que yo preciso
para no afrontar mi oscuridad.
Tal vez la luna
no brille para ellos
sino para mi licantropía:
mi miedo de lobo
a no ser ya capaz
de defender la manada.
Tal vez sentir
y sentirnos cercanos
hasta en la lejanía
sea lo que se imponga
a lo que debería ser
siempre el más puro de los sentimientos.






Rosa

Qué lástima la rosa
que aspira a ser cortada
para unirse a un ramo
con otras flores muertas,
que prefiere perder sus espinas
y mostrarse bella a dejar caer
los pétalos que sobran.
Qué pena da mirarla
estirarse al sol,
no buscando su luz
(la lleva dentro),
sino mostrar el brillo
al florista que pasa
llevando las tijeras en la mano.
Qué pena confundir
la muerte con la vida.

Miradas

¿Qué ves cuando miras el bosque?
¿Ves un árbol?
¿Y si tocas un árbol que se yergue solitario?,
¿imaginas el bosque?
Si miras una estrella,
¿contemplas el infinito?
Acaricia una flor... ¿sientes su aroma?
Si escuchas tu corazón, 
¿ves al amor latiendo?
Si miras dentro de ti 
y luego dentro de otro,
¿ves un hombre o ves la humanidad?
¿Y si cierras los ojos?

La luz

Muchos no lo sabéis 
pero yo también fui ciego un día;
muchos días, muchos años...
Y vi un resplandor 
en el fondo de un túnel.
Pero no era la muerte: 
era la vida. 
Por eso ahora veo.

Impotencia

Impotencia del ciego 
a quien tratan de explicarle los colores.
Impotencia del sordo 
ante una cantata de Bach 
o un simple te quiero susurrado al oído
(donde no alcanza a leer los labios).
Impotencia del niño burbuja 
ante algo parecido a una caricia
que no siente
                      del todo.
Impotencia de quien sufre anosmia 
ante una flor, un cuello, 
un sexo amado.
Impotencia de no saborear 
-“ageusia”, lo llaman-
los labios que te besan.

Impotencia del mudo tratando de gritar
(rostro desencajado, venas 
a punto de estallar...
Y ni un sólo sonido).

Tal vez...

No tengo llagas.
Cicatrices, alguna pero las disimulo
con cremas hidratantes.
No me gustan las cenizas
ni contemplo el fulgor de los astros
donde sólo se ve oscuridad 
o simple brillo.
No me gusta libar de los licores 
y el céfiro también me da jaqueca.
Empiezo a renegar 
incluso de mis pozos y de mis espejos.
Las Itacas, los Icaros quemando sus alas...
hasta mis naufragios y los cantos de sirena
empiezan a aburrirme.
Tal vez es hora de no escribir “poesía”.


De otro siglo

Me estoy matando lenta, despaciosamente
y de amor es mi muerte, tan segura.
Y no hay muerte más dulce y más amor
no cabe
que en dejar que se pare el corazón
porque falta otro latido.
El latido que no sientes y consigue
que te mate la herida de la muerte,
que es la vida.

Circo

Qué pena de leones amaestrados.
Qué lástima de focas enjauladas.
Qué triste la existencia del jefe de pista
y del payaso listo,
y la del domador de focas y leones.
Qué pobreza de luces macilentas
y de sogas gastadas sosteniendo
la carpa desteñida...
Pena de carromatos de hace siglos
que quieren disfrazar con purpurina
la miseria de siempre,
antigua como el hombre.
Pobre acróbata con red
que no mira a los ojos de la muerte
ni a sí mismo.
Triste espectáculo para el niño triste
que intenta sonreír.

Tarde de domingo

Hay una niña sentada
en el banco de piedra del parque.
No se ríe, no llora, no juega
ni canta.
Pareciera solamente una estatua de bronce
esperando a una paloma, un gorrión
que le insuflara vida; 

como si sólo quisiera ser mirada,
que nada la perturbe. 
Pero entonces se levanta y echa a andar:
lleva en su mano uno de esos aros viejos
que se guían con un palo.
La rueda se mueve 
                             torpemente, haciendo eses,
se abolla con las piedras del camino.
Pero ella la dirige y, ahora sí, 

parece que sonríe.

Tanatorio

Lástima del difunto
cercado de plañideras.
Lágrimas de cocodrilo
y alabanzas.
Alguna frase hecha
(“qué buena persona”,
“se van los mejores”...).
Faltaría un aplauso final
o una salva de fusiles.

Y ni aún así, rodeado de sus muertos, 
el muerto despertaría.

La meta

No me esperéis en el jardín abierto,
el que despliega colores y aromas
en parterres bien planificados
y se puebla de ancianos y de niños
fútiles como paréntesis de vida.
No me esperéis en vuestro paraíso
donde basta arrepentirse, perdonar
en el último minuto
-¡y vosotros definís lo que es un fariseo!-.
No me esperéis donde brillan las estrellas
que hace tiempo explotaron

y a pesar de ese brillo no son nada.

Esperadme, sí,
en el desierto que acoge mi grito,
en mi propia caverna,
en el infierno de los hombres sinceros y valientes
que no temen a las llamas.
Esperadme en la sombra.
Por fin estoy llegando.




Luna nueva

Contemplarte brillar plena,
luminosa, radiante en tu blanca imperfección 

o teñida de nubes.
Sentir que estás ahí, observando casi
al alcance de la mano.

Que podría tocarte si quisiera
y mis manos serían caricia
en tus cráteres del tiempo.
Pero eso ya está en todos los poemas,
en no pocos cuadros,
en no pocas escenas de esas de primer beso...

En cambio, presentirte
cuando no se te ve, cuando
eres poco más, acaso,
que una sombra en la noche despejada.
O, simplemente, cuando nadie
te mira, ni sueña con tocarte,
cuando sólo unos pocos entendemos
que tu luz sigue intacta aunque nadie la vea.
Y así, seguirte amando.

Sombra

Se prolonga la sombra en el asfalto
de un señor que olvidó su sombrero
(curiosa paradoja)
en alguna revuelta
del pretérito imperfecto y simple.
Simplemente lo olvidó, sin más,
porque no necesita protegerse del sol
ni de las inclemencias.

Parece caminar con la cabeza alta,
sólo un punto por debajo
del paso del corazón, sin tratar de esquivar
ni árboles ni piedras...
Al fin y al cabo, se trata de una sombra:
ya evitará caer -si es que es posible-
el hombre que la persigue.

Mañana

Nos pasamos la vida posponiendo:
mañana hago, mañana digo,
mañana llamo... ya pensaré
mañana.
Mañana te diré te quiero
y te extraño.
Tal vez, mañana te quiera
o te extrañe.
Tal vez, mañana.
Pero mañana no llega
                                  nunca.

Porque cuando llega, es hoy.
Y hay que volver a esperar:
hasta mañana.

Amigos

¿A quién mostráis vuestras miradas tristes?
¿A quién vuestras sonrisas tantas veces fingidas?
¿A quién pedís dinero, ropa, abrigo, un plato caliente,
un triste cigarillo? 

¿A quiénes enseñáis -supuestamente- el corazón,
la foto, el dni, el adn,
la poesía, el cuadro, la instantánea,
el me gusta, me encanta, ven a mi recital?
¿Con quiénes compartís una copa de vino,
un apretón de manos, un abrazo,
un beso o una confidencia? 

¿A quién miras a los ojos?
¿Quién te sostuvo el gotero?
¿Quién te llorará de veras? 

Contadlos -y decidme la verdad-: 
yo ya lo he hecho.

Mosca

Hace no mucho tiempo, 
apenas el batir de alas 
de una mosca de la fruta como yo,
era como vosotros: 
me atraían las luces como a las polillas 
y las fresas de cera perfumadas 
con el falso aroma de la fresa.
Pero aprendí a volar,
a distinguir la fruta natural
de la de goma.
No, no soy ni mucho menos 
mejor persona que ninguno de vosotros.
Ni mejor mosca que las moscas verdes
que encuentran su alimento 
entre la podredumbre.
Sólo he aprendido a volar 
y a darme cabezazos contra vuestros cristales.
Desde ellos se ven muchos frutos 
que parecen maduros estando podridos
o que parecen verdes siendo viejos.
Yo me conformo con dejar simiente.
Total, sólo voy a vivir una semana...
nadie podrá quitarme lo volao.