Epílogo para un blog

Es mentira: escribir
no alivia ninguna pena.
Y leer penas de otros 
sólo enciende el silencio 
de las propias palabras.
Nos han engañado 
con novelas, con diarios,
con las frases pretenciosas,
con los aforismos 
y con los versos hechos para enamorar...
sobre todo con esos.
Es todo mentira.
El dolor no tiene palabras.
El amor, tampoco.
Se siente. No se dice. 
Y, sin embargo, callar también es solamente 
otra forma de morir. 

Hasta siempre

Tú querías distancia y silencio.
Y yo callé; me fui muy lejos.
Tanto, que ya no sé dónde estoy
y he perdido la facultad de hablar.
Pero nada importa 
si no sé dónde habito
o si he olvidado el lenguaje.
Sólo deseo que,
en el fondo de tu alma,
hayas encontrado 
lo que yo he perdido.

Así...

Así el silencio
como la muerte.
Tan parecidos que podrían 
ser la misma cosa.
Aunque también los vivos
callen.

Significados

En ocasiones las palabras
se retuercen.
Donde dice “compañía”,
se escucha “soledad”. 
Y viceversa. 
Pronunciamos a veces 
un “te quiero”
que no significa nada:
entrada vacía en el diccionario.
¿Cuántas veces el “silencio”
es solamente “ruido”?
“Adiós” puede leerse como 
“muero por volver a verte”.
“Nostalgia” o “melancolía”
pueden querer decir “olvido”.
Y “rencor”, “rabia”, “desprecio”...
¿cuántas veces no dicen “amor”?

Caminos

El camino de la soledad
no es un desierto, 
ni un bosque brumoso al amanecer.
El camino de la soledad
es una calle atestada de gente 
con la que nos topamos en la vida.
Con la gran mayoría de ellos,
apenas si cruzamos un saludo,
una sonrisa... quizás un empujón.
Con algunos, por suerte,
compartimos un beso, una caricia.
Con los menos, nos paramos un tiempo
y dejan acaso un buen recuerdo, una huella;
o un dolor. 

Y al final, en medio del bullicio,
sólo queda el silencio: 
el silencio es el triste bastón que acompaña
el camino de la soledad. 

Cuento

El triste viejo con alma de niño,
el alegre niño con alma de viejo
apretaban los ojos
si miraban al sol o a la luz 
de una mísera bombilla;
se tapaban los oídos 
si escuchaban el estruendo
de un trueno, de un cohete de feria...

Pero ninguno de ellos, 
ni el más viejo ni el más niño,
podía defenderse 
ni de la oscuridad 
ni del silencio. 

Reflejo

Lo que ves en el espejo
no eres tú: 
es una imagen muerta que no existe
a menos que haya alguien vivo
al otro lado.

O tal vez no:
tal vez somos los muertos
quienes en realidad 
vivimos a este lado del espejo.
Aunque no lo sepamos.

(Des)control

No pido controlar 
las mareas, ni los ciclos de la luna.
No pretendo predecir
si el viento soplará 
del este o del oeste.
Escapan de mi saber
los recovecos de la burocracia,
los flujos de la Bolsa, 
los cambios de gobierno.
Imposible saber 
el futuro de mis hijos.
Ni tus sueños, tus anhelos:
los vaivenes de tu corazón,
tus pensamientos escondidos.
Ni siquiera soy el dueño
de mi insomnio o de mis pesadillas.
Pero ¿se puede vivir 
sólo en este eterno
dejarse llevar? 

Lejos

Lejos de todo. Lejos
de ti y de mí mismo.
Lejos de las obligaciones
y de los contratiempos.
Pero lejos también de la alegría.
Lejos del optimismo 
y de la magia.
Lejos de la tristeza.

Cerca, sólo, soledad. 

Latido

Yo no soy una piedra. 
Ni una baldosa en medio de la calle.
Yo no soy una jaula. 
Nunca supe hacer nidos.
No soy ninguna espiga.
No soy una araña. Ni su red.
No soy un sello viejo
debajo de una lupa.
Soy, demasiado a menudo,
sólo un trozo de carne con ojos.
Pero bajo esa carne,
demasiado a menudo,
sigue latiendo 
un pequeño corazón. 

Medidas

La distancia no se mide 
en kilómetros ni en metros.
El tiempo no se mide 
ni en segundos, ni en horas 
o días, meses, semanas.
El hambre, la sed, la nostalgia...
no tienen unidades de medida.
¿Y al amor? 
¿Quién se atreve a medirlo?

Pues basta abrir los ojos, los oídos 
y escuchar cómo late un corazón. 
Lo malo es la sordera 
que acompaña al miedo. 

Leyendo

De repente, Kafka se difumina.
Marcel Proust muere en Guermantes.
Los poemas de todos los poetas
de la historia
son volutas bailando sobre el mar. 
Las novelas se han evaporado
en el viento del oeste. 
Todas las bibliotecas han ardido
y no queda una gota de tinta,
ni un teclado: nada. 

Y justo ante mis ojos
se abre el paraíso... de la vida. 

Presencias

Como un espectro o más bien 
como un holograma:
no soy yo éste que veis aquí.
Es tan sólo el reflejo de un hombre.
La imagen que el espejo devuelve
no es el cuerpo real. 
Así yo, busco una corporeidad 
que perdí en no sé qué recodo
de no sé qué camino...
No eran míos los mapas.
(¿Qué estoy haciendo aquí?)

Mientras tanto deambula entre vosotros 
alguien que se parece a mí.
Y ya nunca sabréis si alguna vez 
he vuelto 
o si soy solamente 
uno de tantos muertos más 
entre los vivos.

Conjugaciones

No sabes conjugar el verbo amar.
Ni odiar. 
Ni sentir celos, envidia,
admiración, deseo.
Quedan prohibidas la gula,
la pereza, la ira, la lujuria...
Mejor esconderlo todo,
encerrarlo en el fondo del espejo
y no mirar 
más que si queda bien 
el disfraz, la vestimenta, el manto...
Mejor no conjugar según qué verbos:
por si “veo”
resultara ser tan sólo una amenaza.  

Finisterre

He venido hasta el fin de la tierra;
donde todo el mundo veía sólo mar,
yo veía más allá 
de los límites del tiempo:
vi batallas navales y naufragios,
escuché los cantos de las ballenas muertas...

Hay un hilo apenas visible
que une la memoria de lo no vivido
con la ilusión del futuro que no se va a vivir.
Y hay una soga gruesa
que nos ancla al pasado y nos impide 
ver más allá del mar.

Ermitaño

Ocupé una caracola 
en la que escuchaba el mar.
Pero no era mi casa.
La arrastro por la arena 
pero no llego al agua.
O acaso la confundo 
con la bruma que ha bajado
a posarse entre las olas.
Y así ando, sin rumbo, 
sin una casa propia y en un mar
que no es el mío.
Perdido: perdido y ermitaño
entre la niebla y la arena 
de un océano que debería saber...
Y que no encuentro. 

No busques

No busques en el cielo
lo que habita debajo de la tierra.
No busques
en el vuelo de las aves 
a quien camina por calles que conoces.
No podrás encontrar en maletas ajenas 
tu ropa, tus zapatos, tu perfume...
No están en ese corazón 
las respuestas 
que esperan su pregunta. 
Las piedras que tú arrojas al mar 
no son nunca las mismas 
que ese mar -ya distinto- te devuelve. 
Los peces de colores 
apenas brillan si los sacan del agua:
boquean, no pueden respirar...
Y no hay color brillante 
cuando un pez (un ser vivo cualquiera)
se muere lejos, muy lejos,
del lugar donde tuvo la vida. 

Perdido

Por supuesto que sé
cuál es el destino de la nave
que con tanta impericia piloto.
Por supuesto que sé
que ese faro 
quiere ponerme a salvo
de rocas y mareas.

¿Pero qué ocurre si yo quiero
mirarlo fijamente,
que me ciegue su luz si es preciso?
Y que sea el oleaje, 
sin sextantes ni timones, 
quien decida mi final. 

Llanto

Llora el mar cada litro de agua 
que se queda en la arena en cada ola.
Llora el rio cuando nace,
allá arriba en la montaña,
porque sabe que su destino es morir,
allá abajo, en ese mismo mar.
Llora hojas el bosque en el otoño.
Llora el cielo sus perséidas.
Llora el lobo que ve morir al lobato.
Llora la oveja que ve
cómo el lobo devora a su cordero.
Llora el niño cuando nace 
porque sabe adónde viene.
Llora el anciano al morir 
porque sabe lo que deja. 

Sólo yo, lloro sin saber por qué. 

Niño caprichoso

Con qué voracidad devora el tiempo 
los años 
y con que exasperante lentitud
mastica, traga, digiere
los minutos y las horas.
Con qué poco sentimiento
siega una vida joven
y deja morir de viejos
a asesinos en su cama. 

Alguien debería enseñar 
a ese niño caprichoso 
que eso no son modales.

Miedos

No me asustan los caballos. 
Ni los lobos.
Ni siquiera los leones. 
No me pierdo en los bosques
ni suelo pasar sed en el desierto.
No me da miedo la vida
y me río en los espejos 
del “callejón del Gato”
tanto como en los normales. 
La deformidad es la de uno, 
no la de su reflejo. 
No me da miedo el amor. 
Me da miedo la mentira 
del corazón de los hombres.
Me dan miedo la envidia,
la codicia, la ceguera...

Me da miedo tu ausencia.

Vivir

La vida no son sólo gorriones
rebuscando “miguitas”:
también deben vivir las aves carroñeras.
La vida no son sólo mariposas:
también hay polillas y gusanos.
La vida no son sólo delfines 
y medusas danzarinas:
también hay erizos y peces araña.
La vida no son sólo estrellas y planetas:
también existen los agujeros negros.
La vida no son sólo mentiras y verdades:
la vida es, sobre todo, incertidumbre.

Pero la vida es vida.
Lo demás es la muerte. 

Espacio

El espacio es la distancia entre dos cuerpos.
El espacio es, también, un transcurso 
de tiempo entre sucesos.
Hay espacios abiertos y cerrados,
espacios vitales, espacios exteriores.
Espacios que separan, simplemente,
dos palabras escritas 
(por ejemplo “te—quiero”).
Hay espacios imposibles de llenar, 
espacios siderales, desiertos e imaginarios.

Y hay espacios infinitos. 
Que dan miedo.

No-despedida

No puedo despedirla.
No fue mía jamás porque nunca es de nadie:
mucho menos de aquellos
que tratan de aprehenderla.
No es de nadie su vuelo,
ni sus pasos descalzos, 
ni su danza secreta en los umbrales.
No son nunca de nadie 
sus luces encendidas, sus descuidos,
sus miradas ausentes,
sus lunas apagadas,
su música silente.
No es de nadie su altura
ni su cuerpo: ni las manos que pintan
poemas en el aire.
Y no existe tampoco en ningún libro
por más que se empecinen
todos los aprendices de poeta.
No. Ella no tiene dueño.
¿Cómo decirle adiós 
a quien nunca tuviste 
por más que alguien dijera 
que sí, que tú la conocías?

Corrección

¿Cómo pedirle al ave que no vuele?
¿Cómo pedirle al mono 
que no se suba al árbol?
¿Cómo pedirle al mundo que no gire
y al sol que no ilumine cada día?
Ni siquiera los dioses 
podrían aspirar a que cambie su obra.
¿Cómo pedir que veas por mis ojos
si tú tienes los tuyos
(tan abiertos, tan cerrados)?
¿Cómo voy a decir yo
lo que es correcto?

Abismo

Iba a decir a veces, 
pero es a menudo,
demasiado a menudo que la vida
te sitúa al borde del abismo. 
Y no hay muchas opciones:
saltar, darse la vuelta,
quedarse simplemente 
contemplando el vacío
o agarrar esa mano 
que a veces (sólo a veces)
te tienden 
y seguir paseando
sin alejarse mucho 
del borde del abismo. 

Adentro

Es un dolor extraño. 
Como una punzada en el pecho,
pero hacia la derecha: 
no es el corazón.
O eso dicen. 
No parece  un infarto
ni una angina, es más 
como una contractura,
haber cogido frío...
Sí, seguramente es eso: 
únicamente el frío 
que se clava en los huesos.
O más adentro.