Terrenal


No sueño con volar 
como las aves o las mariposas:
yo simplemente sueño
que estoy en un avión.
No siempre sé leer 
los espacios que quedan 
entre las palabras.
No adivino jamás 
las formas, los secretos que ocultan
las pinturas abstractas.
No imagino ni un cuerpo,
ni una cara, unas manos,
una espalda que no sea la tuya 
cuando bailas casi a solas.

Pero puedo volar. Y soñar.
Sé leer sobre todo en los ojos.
Adivino algunas cosas e imagino.
Y puedo acariciar. 

La huida


Huimos de la realidad. 
Buscamos en los sueños, 
la poesía, la música...
algo que nos libere de las esclavitudes.
Metemos la cabeza como el avestruz,
como los topos ciegos cavan sus madrigueras.
Pero el sol sigue quemando.
Y las nubes -tan negras a veces-
siguen tapando su luz.
Y nosotros huimos, huimos,
corremos sin destino.
Pero no escapamos. 

"Nowhereland"



No es lugar para el sueño
la noche.
No es lugar para el viaje
el camino empedrado.
No es lugar para la espera
el calendario.
No es lugar para la duda
el corazón de otro. 
No es lugar para el amor
esta cama vacía.
No es lugar para la vida
tanta y tantas soledades.

No hay lugares ahí afuera que alberguen
lo que se lleva dentro. 

Tengo manos...


Tengo manos de viejo: 
arrugadas, resecas,
llenas de manchas,
con las venas marcadas. 

Las manos son 
el espejo del alma. 

Avifauna


No envidio del halcón 
su rapidez de vuelo.
Me da pena el canario 
encerrado en su jaula.
Detesto a las gallinas
en sus apestosos gallineros 
persiguiendo al gallo.
Recelo de ladrones y mendigos
como gaviotas, urracas y palomas.
Admiro la mirada limpia, enorme
de búhos y lechuzas.
No me gustan los loros, las cotorras
que sólo repiten, como los papagayos.
Quiero a los gorriones 
y a los mirlos.
Siempre espero que vuelvan
“las oscuras golondrinas”
y las cigüeñas a los campanarios.

Si me dan a elegir,
prefiero el vuelo pausado,
majestuoso del águila real.
Y, como mucho, me quedé en pingüino. 

Triángulo


Corre, date prisa, no te pares:
tu amor te está esperando
en la siguiente vuelta del camino. 
Apresúrate, no dejes 
que se pierda de nuevo 
en la niebla o en la confusión.
Si sabes que le amas, que os amáis,
¿a qué demorar la entrega?
¿para qué negar lo que es tan evidente? 

Y no sufras por mí: 
ambos sabemos que siempre fui un intruso,
un remiendo de cuerpo que nunca cosió el alma.
Yo no entiendo de almas ni de planos paralelos. 
Sólo soy carne mortal, corteza sin savia.
Soy el árbol que no tiene frase.
Mi papel en esta obra es ver cómo te alejas.

No es igual decir “gracias”
que estar agradecido.
No es lo mismo un “te quiero”
que el amor.
Es distinto tener miedo que afirmar
“estoy asustado”. 

Las palabras casi nunca alcanzan. 
El corazón no es una laringe.

Vanitas

“Otra vez, retrato de mí mismo:
hace dos años publiqué este libro...
y este otro hace alguno más.
Os lo recuerdo porque sé
que sois estúpidos y/o desmemoriados
(y porque necesito la aquiescencia más que el aire...
pero eso no lo digo).
Ah, y ya antes incluso de saber escribir,
le dictaba poemas al maestro:
tenía tres añitos (como se ve en la foto).
Yo es que antes de nacer ya escribía versos
en el vientre de mi madre:
ahora soy POETA
(o quizá novelista, tanto da).
¿No me reconocéis? Qué poco gusto.
¿Aún no sabéis quien soy? Panda de ineptos.
¿No sabéis que no tengo laureles 
porque finjo desdeñarlos
pero tengo en mi casa una maceta llena
(aunque sé que es venenoso)?
Me dais pena, ignorantes. 
LITERATURA soy yo 
y vosotros creéis que está en los premios
y en los estantes de grandes almacenes
(justo en ese lugar que YO merecería).”

(...Podría habérmelo inventado todo,
pero basta leer 
a algunos “escritores”).


La vida no es 
una playa solitaria, una palmera 
y dos cuerpos desnudos contemplando
una puesta de sol.
La vida no es 
un sueño eterno ni un camino de baldosas 
amarillas 
ni un campo de amapolas
y trigales 
ni un lecho de amor en el desierto.

La vida son problemas de trabajo,
dolores de cabeza, hijos enfermos,
ex maridos y ex mujeres 
que no hay quien los soporte,
aburridísimas cenas familiares,
un ratito de paz de vez en cuando
(qué placer leer un libro),
interminables listas de la compra,
más dolores de cabeza...

Pero triste existencia la de quien
no vea que también en todo eso
habita la poesía.