Llanto

Llora el mar cada litro de agua 
que se queda en la arena en cada ola.
Llora el rio cuando nace,
allá arriba en la montaña,
porque sabe que su destino es morir,
allá abajo, en ese mismo mar.
Llora hojas el bosque en el otoño.
Llora el cielo sus perséidas.
Llora el lobo que ve morir al lobato.
Llora la oveja que ve
cómo el lobo devora a su cordero.
Llora el niño cuando nace 
porque sabe adónde viene.
Llora el anciano al morir 
porque sabe lo que deja. 

Sólo yo, lloro sin saber por qué. 

Niño caprichoso

Con qué voracidad devora el tiempo 
los años 
y con que exasperante lentitud
mastica, traga, digiere
los minutos y las horas.
Con qué poco sentimiento
siega una vida joven
y deja morir de viejos
a asesinos en su cama. 

Alguien debería enseñar 
a ese niño caprichoso 
que eso no son modales.

Miedos

No me asustan los caballos. 
Ni los lobos.
Ni siquiera los leones. 
No me pierdo en los bosques
ni suelo pasar sed en el desierto.
No me da miedo la vida
y me río en los espejos 
del “callejón del Gato”
tanto como en los normales. 
La deformidad es la de uno, 
no la de su reflejo. 
No me da miedo el amor. 
Me da miedo la mentira 
del corazón de los hombres.
Me dan miedo la envidia,
la codicia, la ceguera...

Me da miedo tu ausencia.

Vivir

La vida no son sólo gorriones
rebuscando “miguitas”:
también deben vivir las aves carroñeras.
La vida no son sólo mariposas:
también hay polillas y gusanos.
La vida no son sólo delfines 
y medusas danzarinas:
también hay erizos y peces araña.
La vida no son sólo estrellas y planetas:
también existen los agujeros negros.
La vida no son sólo mentiras y verdades:
la vida es, sobre todo, incertidumbre.

Pero la vida es vida.
Lo demás es la muerte. 

Espacio

El espacio es la distancia entre dos cuerpos.
El espacio es, también, un transcurso 
de tiempo entre sucesos.
Hay espacios abiertos y cerrados,
espacios vitales, espacios exteriores.
Espacios que separan, simplemente,
dos palabras escritas 
(por ejemplo “te—quiero”).
Hay espacios imposibles de llenar, 
espacios siderales, desiertos e imaginarios.

Y hay espacios infinitos. 
Que dan miedo.

No-despedida

No puedo despedirla.
No fue mía jamás porque nunca es de nadie:
mucho menos de aquellos
que tratan de aprehenderla.
No es de nadie su vuelo,
ni sus pasos descalzos, 
ni su danza secreta en los umbrales.
No son nunca de nadie 
sus luces encendidas, sus descuidos,
sus miradas ausentes,
sus lunas apagadas,
su música silente.
No es de nadie su altura
ni su cuerpo: ni las manos que pintan
poemas en el aire.
Y no existe tampoco en ningún libro
por más que se empecinen
todos los aprendices de poeta.
No. Ella no tiene dueño.
¿Cómo decirle adiós 
a quien nunca tuviste 
por más que alguien dijera 
que sí, que tú la conocías?