La soga

Una soga es sólo eso:
un pedazo de cuerda trenzada.
Eres tú quien decide
si ponérsela al cuello
o si aferrarla fuerte, 
con ambas manos,
y utilizarla 
para salir del pozo.

El bufón

Bufones de la corte que esconden sus miserias
tras la falsa sonrisa y las piruetas.
Disfrazan el desprecio de su deformidad de  enanos
con trajes de colores y muchos cascabeles.

Inspirándome tristeza su triste condición,
me dan más pena quienes ríen y aplauden,
ciegos que no quieren ver las miserias ajenas...
O que tratan de ocultar las propias.

Números

Seiscientas sesenta y seis veces
tratarás de matar al diablo.
Y le harás más fuerte.
Novecientas noventa y nueve intentarás 
aniquilar a los fantasmas.
Y seguirán vivos.
Veinte veces implorarás a dios.
Y seguirá sin oírte.
Nunca acabarás de recitar 
los decimales del número pi.

Siempre faltará una unidad.
La que convertiría cada cifra
                                             en infinito. 

Astronomía

Dicen que es porque la luna 
brilla más, que ya casi está llena
y así es imposible 
que se perciba el resto de los astros.
Yo creo que no veo las estrellas, simplemente,
porque tú has cerrado los ojos.

Autopsia

Que alguien por favor me diga
qué estoy haciendo aquí,
qué pinto en esta mesa, 
quién es toda esa gente que me observa
y espera unas palabras
que algunos llaman versos 
y ni siquiera yo sé lo que son.
¿Qué podría decir que mejorara el mundo,
qué magia podría hacer 
que hiciera que la gente 
fuese un poco más feliz?

Si no es tal,
¿qué sentido tiene
este pseudo espectáculo del ego?
Estaría mejor debajo de la mesa contemplando
cómo otros se refieren a mí...
Casi como si estuviera 
en mitad de una autopsia.
Que sean otros quienes me diseccionan 
y esparzan mis despojos
en el mar.

Sobre todo, me falta tu mirada. 
Sin ella, sólo soy ese cadáver.

Microscopio

Es incómodo a veces estar
pegado a este cristal, sobre esa luz
intensa, sintiendo sobre ti
el ojo que te observa.
Uno se siente microbio,
bacteria... la saliva infantil
con la que el investigador
descubrió su vocación.
Uno no sabe si moverse
o si quedarse inerte:
que el ojo vea toda la actividad
que no se ve
o que directamente piense
“inútil escrutar esta nada”...
en la que sin embargo 
quizá pueda caber un universo.

Metrónomo

El tiempo pasa muy deprisa a veces.
A veces camina muy lento.
A veces, sin más, se para.
Marca ritmos imposibles.
Pero siempre camina hacia adelante
y nos recuerda
que no es lo mismo el tiempo que el “tempo”

de la vida.

¿Cómo hacer? ¿Cómo bailar
para no perder el paso?
¿Cómo pulsar
las teclas precisas en cada momento?

Horizonte

(Hay una línea que separa
-o une- el mar y el cielo:
la llamamos “horizonte”. )

Tú vuelas cuando yo buceo
y buceas cuando yo
emerjo a tomar aire.
Algún día, tal vez,
alcanzaremos juntos esa línea.
O, quizás, no la alcancemos y no obstante,
es posible que ese “día-nunca”
tú yo que no existe sin mí,
mi yo que no existe sin ti
se encuentren
                        en el horizonte.

El secreto

¿Alguien sabe si existe
un anfibio que vuele?
¿Alguien sabe si en el reino animal
(o en el divino o humano)
hay algún individuo
que nade
con la misma agilidad que vuela
y que a un tiempo camine
por la tierra como si cada paso
fuera parte de una danza
ancestral y secreta?
No es una sirena, no es un ave,
no es tampoco un dragón de Komodo
Y es todas esas cosas a la vez: y a la vez
es un ser mitológico, inmortal...

Existe. Yo lo he visto. Lo conozco.
Pero no estoy dispuesto a compartir 
mi hallazgo con la ciencia.


Saberes

No lo sabes. No lo puedes saber.
Nadie puede sentir la soledad del otro 
ni aunque la compare con la propia.

No lo sabes. No puedes saber 
cómo de grande es mi soledad
cuando no es sólo que no estás, 
cuando es la soledad de que no estés.

Volar

Es el sueño de muchísimos niños:
ven a los pájaros volar y se preguntan
“¿Y por qué yo no puedo?”
Algunos, interrogan a sus padres.
Otros, a sus maestros.
Están los que diseñan alas de cartón 
y corren monte abajo.
Hay quienes llegan a arrojarse
desde la ventana de un séptimo piso.
Y mueren.
Y están los que se tumban en su cama,
cierran los ojos, los aprietan fuerte, 
muy fuerte...
Y vuelan.

Diálogo (siete)

-“Quiéreles, discúlpales sus fallos”,
dices.
“No estarán para siempre y un día
los echarás de menos”.

-“Quiéreme tú”, respondo,
“yo tampoco estaré para siempre;
todos habremos de morir
y es una crueldad insoportable
no creer en las eternidades”.

-“No lo es; no lo será si hacemos
que hoy, este momento, sencillamente ahora,
sea nuestra eternidad.
¿Por qué no puede un ahora mismo
ser eterno?”

(In)exactitud

El lenguaje no es una ciencia exacta.
Puedo escribir un verso y afirmar
que uno más uno son cinco
y no estaría mintiendo.
Puedo dolerme de palabras de amor
que se visten de muerte
y podría hablar de muertos que me dan la vida
según se van diluyendo.
Puedo escribir sobre el dolor
de estar vivo
y celebrarlo a un tiempo.
Puedo sentirme solo
y sentir a la vez tu presencia constante. 

Lo que no puedo es describir,
como quisiera,
cómo de exacta es cada vez que pronuncio
la palabra “infinito”.

Hilos invisibles

Tres gatos juegan con los hilos 
de un ovillo invisible.
Sólo ellos lo ven y cada cual se afana
en tirar de su hebra.
En un momento dado, el ovillo 
se ha deshecho entero
y vuelve a ser madeja.

(En otra vida, yo
estiraba los brazos y mi abuela 
devanaba y ovillaba a un tiempo.)

Ahora veo
-quizá lo aprendí entonces-
lo difícil que es quitar todos los nudos.
Y tal vez no sea necesario, tal vez 
la belleza del jersey o la bufanda nuevos
se halle en las imperfecciones.

Mientras tanto los gatos
siguen entretenidos 
con aquello que sólo ellos ven:
los hilos invisibles.