Conjugaciones

No sabes conjugar el verbo amar.
Ni odiar. 
Ni sentir celos, envidia,
admiración, deseo.
Quedan prohibidas la gula,
la pereza, la ira, la lujuria...
Mejor esconderlo todo,
encerrarlo en el fondo del espejo
y no mirar 
más que si queda bien 
el disfraz, la vestimenta, el manto...
Mejor no conjugar según qué verbos:
por si “veo”
resultara ser tan sólo una amenaza.  

Finisterre

He venido hasta el fin de la tierra;
donde todo el mundo veía sólo mar,
yo veía más allá 
de los límites del tiempo:
vi batallas navales y naufragios,
escuché los cantos de las ballenas muertas...

Hay un hilo apenas visible
que une la memoria de lo no vivido
con la ilusión del futuro que no se va a vivir.
Y hay una soga gruesa
que nos ancla al pasado y nos impide 
ver más allá del mar.

Ermitaño

Ocupé una caracola 
en la que escuchaba el mar.
Pero no era mi casa.
La arrastro por la arena 
pero no llego al agua.
O acaso la confundo 
con la bruma que ha bajado
a posarse entre las olas.
Y así ando, sin rumbo, 
sin una casa propia y en un mar
que no es el mío.
Perdido: perdido y ermitaño
entre la niebla y la arena 
de un océano que debería saber...
Y que no encuentro. 

No busques

No busques en el cielo
lo que habita debajo de la tierra.
No busques
en el vuelo de las aves 
a quien camina por calles que conoces.
No podrás encontrar en maletas ajenas 
tu ropa, tus zapatos, tu perfume...
No están en ese corazón 
las respuestas 
que esperan su pregunta. 
Las piedras que tú arrojas al mar 
no son nunca las mismas 
que ese mar -ya distinto- te devuelve. 
Los peces de colores 
apenas brillan si los sacan del agua:
boquean, no pueden respirar...
Y no hay color brillante 
cuando un pez (un ser vivo cualquiera)
se muere lejos, muy lejos,
del lugar donde tuvo la vida. 

Perdido

Por supuesto que sé
cuál es el destino de la nave
que con tanta impericia piloto.
Por supuesto que sé
que ese faro 
quiere ponerme a salvo
de rocas y mareas.

¿Pero qué ocurre si yo quiero
mirarlo fijamente,
que me ciegue su luz si es preciso?
Y que sea el oleaje, 
sin sextantes ni timones, 
quien decida mi final.