El nido

Tus párpados dormidos vuelan 
como palomas, como 
golondrinas que juegan a perseguir 
cada una el sueño de la otra. 
Tus manos aletean buscando las mías 
para saber volver. 
Al fondo, en el espejo a oscuras,
un pájaro se pierde 
en el plumaje de la medianoche:
mi soñar despierto. 

Tu pecho, tu vientre
ralentizan el vuelo de las aves 
y las hacen bajar,
posarse en el colchón; emiten 
un canto que parece un suspiro. 
Y duermes, descansas. 
El nido estará allí cuando despiertes. 


Errando

Me equivoqué 
pegando carteles y panfletos,
pronunciando discursos,
escribiendo en papeles
que nadie leía,
haciendo preguntas.
Me equivoqué 
recitando lecciones,
inventando universos,
alimentando abejas con flores de arena. 
Me equivoqué 
tratando de hacer ver a los demás
lo que tan sólo yo 
-tal vez ciego, tal vez iluminado- 
veía.
Me equivoqué con palabras
de amor y de odio.
Me equivoqué con prosas y con versos.
Me equivoqué pensando
que de verdad tenía algo que decir,
que mi voz era mi amiga.

Y lo que únicamente 
tengo que ofrecer
es un silencio 
                            errante. 

Peces

Qué lástima del pez en la pecera,

qué pena del pez muerto 

en la orilla,

qué dolor de la red 

oprimiendo las branquias. 

Qué vacío mirar

con ojos de pez peces 

si no sabemos nadar.

Cuánto olvido 

de océano, 

de mar,

de río,

de riachuelo… 

de verdaderas aguas. 



Poesía (final)

Tú me diste y tú me quitaste
las ganas de escribir.
Tú me mostraste tu lado seductor,
lisonjera dama de compañía 
en noches de soledad,
y me acunaste con tus brazos de aire. 
Después me ninguneaste:
tachaste sin consideración 
cada uno de los versos escritos y leídos 
y dejaste de vigilar el trazo de mi lápiz 
sobre la cara oculta de la marea.
No te gustó mi verdad: es más fácil 
la mentira agradable a los oídos.

Muérete, pues, en los brazos 
de quienes te susurren, 
aunque sean soplido sus palabras…
Y deja que yo siga con mi grito
viviendo mi prosaica vida de bufón. 

Como aire

“… todo es del viento
y el viento es aire
siempre de viaje…” 
                   (Octavio Paz)


Como el viento que pasa entre las ramas 
de algún árbol:
así pasa mucha gente por mi vida,
dejando apenas un ligero soplo
y un leve temblor
de alguna hoja.

Así mismo paso yo
-que soy viento a mi vez-
por la vida de otros: 
haciendo como mucho 
temblar alguna hoja
 o haciéndola caer sin darme cuenta
(y le pido perdón si le hice daño).

Así pasa la vida
entre soplos, temblores,
alguna que otra muerte…
Y admirando el prodigio
de seguros brotes nuevos.

Amanecer

Deja que te envuelva la bruma,
que la niebla sea tu compañera 
y la tibia humedad de la mañana
te cale hasta los huesos
y te limpie hasta las vísceras. 
Camina entre abedules y eucaliptos
sin rumbo, sin saber qué es el norte 
y dónde el sur,
hasta que tus pies cansados 
te detengan a un lado del bosque 
y descubras, tan lejos y tan cerca,
un sol nuevo que brilla 
solamente para ti. 

El (merecido) destierro

¡Ah!, musa de los poetas, 

¿por qué me has abandonado? 


-Ni una interjección más.


¡Oh!, ¿por qué me hablas así,

lacerando -¡ay!- 

mi maltrecha escritura?


-Se acabó. ¿Te has creído 

que eres Bécquer 

o Fray Luis de León? 

Mete en una maleta 

tus interjecciones

y arde en el infierno

aburrido y sin ritmo de la prosa…


O, mejor, cállate para siempre. 

Cosas que no entiendo

La crueldad, la violencia.

La política, la macroeconomía. 

Las lágrimas de un niño 

en brazos de sus padres.

La violación, el racismo.

El odio, el desamor.

Las fotos “selfie” 

de las redes sociales. 

Los poemas fingidos 

que no contienen nada de verdad. 

Los “posts” y los “tweets”

a todas horas. 

Las novelas de amor 

que no tienen sentimientos. 

Los cuadros abstractos. 

Los tú sí pero yo no. 

Los gritos, el silencio.


En realidad,

creo que no entiendo nada. 

Ni falta que me hace.

Elipsis

Hay muchas formas de decir te quiero:
un billete de avión,
una foto en una librería 
o en un dormitorio, 
un ramo de flores…
Un buenos días, 
un cómo estás;
y cómo tus padres,
cómo tus hijos;
¿qué te ha dicho el médico?
Qué tal el perro, el gato;
tengo ganas de verte,
quiero follar contigo;
me ha encantado tu último poema;
me gusta que me llames 
y que no me llames…

Y podría seguir 
hasta el infinito.
Pero, a veces,
es mucho más sencillo pronunciar
un simple -y complicado-
te quiero con todas sus letras. 

Noche

Le tengo miedo a la noche
no por la negrura 
ni por el silencio.
Ella revela 
lo que la luz engañosa del día 
no me deja ver.
Y me abre los ojos y me muestra
lo que nadie más ve
porque les ciega el sol.
Y me grita. 
Esa es la luz oscura 
y el chillido 
que dan miedo. 

Pirata


Saludo a la noche
 
y saludo al día 
porque no distingo 
la luna del sol. 
Digo hola al mar 
y adiós a la tierra firme 
del continente y de las islas,
como un pirata 
al que corsarios de agua dulce,
protegidos por no se sabe qué 
divina majestad
acusan de latrocinio
con el aplauso del pueblo engañado. 
No sé de qué puerto zarpo
ni a cuál llegaré 
si otra tormenta no acaba con mi bajel. 
Pero veo el océano 
y un sol poniente naranja. 

Animalario

Desunce el yugo de los bueyes mansos,
pues su cuello es el tuyo. 
Haz que las ovejas 
que cuentas para dormir
salten de dentro a fuera del redil: 
no son borregos. 
Quítale al halcón la caperuza 
y libéralo 
de su labor de cetrero. 
Corre con los lobos 
y con los osos pardos 
hacia la libertad del bosque.
Deja al delfín que ayude cuando quiera, 
no cuando lo necesitas. 
No dejes que te enreden en su pesca
los saqueadores del mar
que sólo entienden de poner anzuelos.  

Olvidos

Se me olvidó la poesía.
No recuerdo nada 
que merezca la pena 
ser dicho en unos versos. 
Se me olvidó respirar,
pero mi cuerpo lo hace solo.
Se me olvidó qué es soñar
porque no sé ya
lo que es dormir. 
Se me está olvidando amar
de tanto amor sin sueño. 

El reino de los sueños

Un día, gané el Nobel de Literatura.
Otro, creo recordar, 
me tocó la lotería. 
Una noche, 
un cohete me dejaba brincando 
sobre la cara oculta de la luna. 
Y una más -que yo recuerde-
podía volar 
y salvaba con mis alas 
la cometa perdida de una niña. 

El resto de las noches,
simplemente sueño que estás aquí 
y somos felices,
hacemos el amor 
y nos miramos 
como cuando estábamos despiertos. 

Mar

Paso, como el agua,
de la furia de las olas en la tempestad 
a la melancolía de la mar en calma. 
Las mareas no me son favorables.
La luna 
se convirtió en enemiga. 
He perdido los mapas
de la isla del tesoro. 
Y el faro se apagó
cuando más cerca estaba
del acantilado. 

Silencio

El mundo no sabe lo que yo siento.
(¿Qué le importa al mundo
lo que yo sienta?).

Se inventó el lenguaje 
para que falsos profetas
-y poetas presuntos, charlatanes-
le contaran al mundo 
qué le importa y a quién. 
Era mejor el silencio…
los gruñidos, los gestos, las caricias. 
Yo guardo mi palabra 
para que alguien la pida. 
Y si no se rompiera lo ya dicho,
olvidaré de una vez por todas
hasta mi propia voz. 
Y tal vez muera.
O vuelva a nacer.

Astronauta

Todo es oscuridad alrededor.
El aire llega 
dentro de la escafandra,
pero fuera no se puede respirar. 
Todo es silencio y soledad. 
Pero aún flotas sostenido 
por el cable 
que está a punto de romperse.
Después, 
                     nada. 

Déjame

Déjame que te acune,
que te cante una nana 
o te lea -como hice otras veces-
poemas al oído;
compartir un cigarro 
a la luz de tu luna. 
Déjame que te planche la ropa
y haga la comida,
que vaya al supermercado…
Deja que me acurruque junto a ti 
y sienta tu respiración. 
Déjame que haga planes 
que no se cumplirán.
Déjame escribirte poemas.
Déjame preocuparme, desear…
Déjame soñar contigo. 
Déjame que te quiera.

O déjame. 

Perdido

Colocaron un dique 
y el río cambió su curso,
aunque seguía circulando, silencioso,
por donde siempre lo hizo.
Pero yo no lo veía.

Pusieron una rotonda 
en mitad de mi calle de siempre.
Pero seguí cruzando 
como si no existiera. 

Apagaron el faro y acabé 
estrellándome contra las rocas. 

De noche

He soñado, 
en otra noche de insomnio,
que dormía y que soñaba 
que la vida 
se rompía en pedazos
y una casi muerte
los juntaba 
y empezaba la vida.
Y la muerte y la vida 
de la mano
convertían en vivo lo soñado. 
Y después, como el poeta ilustre, 
después...
“soñé que soñaba”. 

Ellos

Una semicorchea 
no es una sinfonía.
Un brochazo 
no es una obra de arte.
Un verso
no es un poema. 

Una soflama

no es una ideología.

Un corazón, un like
en una red social 
no es la crítica fundada de un especialista.
La crítica fundada de un especialista
no es el sanctasanctórum.
Vuestro ombligo no es
el ombligo del mundo. 

Tempus fugit

El tiempo es ese
enemigo de la vida 
que nos roba con lo urgente 
lo que es importante. 
No significa no llevar reloj
o no tener a la vista un calendario. 
El tiempo sigue, 
como aquellos ríos 
“que van a dar en la mar, 
que es el morir”. 
Pero es también 
lo que hacemos con él: 
y podemos nadar 
o dejarnos arrastrar por la corriente. 
Y podemos sentir 
el frío de sus aguas 
o verlo pasar desde la orilla.
Y morir. 
Y dejar que otros mueran 
ahogados
en la falta de tiempo.

Estatuas

Qué triste ha de verse el mundo
desde el pedestal. 
Qué fríos los aplausos 
de los transeúntes 
al pedazo de piedra que no siente. 
Mirar todo desde arriba 
con los ojos gélidos del mármol 
pronunciando discursos vacíos: 
“soy la posteridad”. 
Creerse merecedor 
de esta pantomima.
Cuánto mejor 
derretirse, desleírse 
como barro sin cocer 
y que alguien a quien no conoces 
se lleve de ti 
un trocito pegado
en la suela del zapato. 

Ausencia

No dormirás a mi lado,
ni me prepararás el desayuno
-nunca lo haces, ahora que lo pienso-.
No saldrás conmigo a pasear 
ni empujaremos juntos 
el carro de la compra. 
No compartiremos el aperitivo 
ni la mesa y el mantel
de ese restaurante que tanto nos gusta. 
No habrá siesta, ni sexo,
ni café a media tarde.
No leerás por encima de mi hombro
los torpes versos que te escribo. 
No te quedarás dormida en el sofá 
con alguna tontería de la tele. 
Volverás a dormir 
sin mí a tu lado.

Y, sin embargo, 
no dejarás de estar aquí 
en todo momento.

Fantasmas

No se debe descuidar a los fantasmas: 
corres el riesgo
de ofenderles y que decidan
venir a visitarte por la noche.
Hay que dejarles su taza de café,
su cigarrillo si fuman,
su libro de poemas 
abierto por la página indicada.
Hay que depositar el beso 
en la mejilla descarnada y fría;
ponerles su canción,
abrazar el retrato de su ausencia
para que no sea presente.
Apartar los espejos 
para que ellos no sepan 
que no existen
nada más que en tu mano,
que les da de comer 
y les cepilla el pelo sobre la calavera.
Sobre todo, 
que no vengan por la noche,
que no adivinen nunca 
que tú eres su fantasma.


Pajarillo

He llorado en sueños 
porque he soñado que volaba
pero tan sólo era 
un pajarillo en las fauces de un gato.

He oído una voz
y he sentido el abrazo cálido
de una mano 
que me dejaba de nuevo en mi nido
con un ala rota. 

He llorado soñando 
con esa mano, esa voz...
incluso con ese gato que tal vez 
sólo tenía hambre o un instinto frustrado.

Y he llorado porque tengo miedo
a no saber 
cuándo podré volver a volar. 

Regresión

No regreso al pasado 
salvo en contadas ocasiones
-una anécdota, un suceso 
que contarle a mi hija-
y siempre sin nostalgia. 
No me sé de memoria
ninguno de mis poemas.
No he vuelto a releer más de una vez
casi ninguno de ellos.
Hoy no soy quien yo era ese día,
ese instante.
¿Qué sentido tiene 
volver a ser quien uno ya no es
pero aún sigue siendo sin saber? 

Y, sin embargo, lo recuerdo todo.

Sentidos

Conservo el gusto y el olfato,
pero he perdido el sabor y el olor. 
Conservo la vista,
pero he perdido la mirada
de tus ojos. 
Conservo el oído,
pero he perdido el sonido de la voz
que me habla. 
Conservo el tacto,
pero he perdido la piel. 

¿Qué sentido tengo?

Nueva era

Vamos a cambiar el mundo:
se terminó la fiesta vieja 
y una nueva acaba de empezar. 
Vamos a celebrar el silencio,
la soledad, la falta de cariño,
la ausencia de empatía.
Vamos a celebrar 
los ocasos, los fallecimientos
(celebremos que murieron 
porque estuvieron vivos).
Vamos a celebrar la pena, 
la apatía, el hastío. 
Brindemos al sol 
toda la noche 
por lo que tenemos. 
Olvidemos la alegría y los cumpleaños,
los aniversarios, las bodas, el amor...
¿Quién tiene todo eso cada día? 
Celebremos de una vez la tristeza. 
Siempre será festivo. 

Tiempo

La noche me hace decir
lo que habría de callar y la mañana 
me abre la boca que guarda silencio. 
La luna me sonríe con sorna 
y le falta, como en uno de esos dibujos infantiles, 
guiñarme un ojo y decir
“es que eres tonto”. 
El sol engaña con su brillo 
porque no calienta. 
Y una noche sucede a otro día. 
Y, claro, otro día a la noche. 

“Matrioshko”

Ha muerto un hombre y de él 
ha nacido otro
que también ha muerto.
Así, como en una novela de terror,
uno tras otro hasta el infinito.
Cada uno era idéntico al otro
y en todo diferente. 
Todos encerrados 
dentro de su antecesor. 
Sólo el primero conoció la luz. 
La pregunta es
¿qué les mató? ¿por qué murieron? 

Ayeres

Me quedo con ayer.
Mañana no sé si existe y hoy 
ha pasado antes de pronunciarse. 
Ayer hubo presente
y futuro 
-paradójicamente-.
Qué extrañas las palabras 
que tratan de fijar el tiempo.
Porque el tiempo no deja de correr,
nunca está quieto. 
Sólo el amor 
y el miedo
tratan de aguantar las embestidas
de los relojes y los calendarios. 
Pero, ¿lo consiguen? 
¿Cuál de los tres triunfa 
en la maldita lucha sin cuartel?
¿Tiempo? ¿Miedo? ¿Amor?
Sólo la muerte. 

Antes

Espero la hora adecuada 
para llamar aunque nunca 
sepa si tendré respuesta.
Una sonrisa amarga 
asoma a mis labios recordando
poemas de silencio
que abrían puertas 
y hacían saltar cerrojos;
llenaban vacíos 
y ocupaban espacios ya ocupados.
Ese tiempo pasó:
el silencio es silencio y se rompe
-o no- 
lejos de la poesía. 
La poesía no sirve para nada 
cuando no tiene vida. 
Y la vida es una hija de puta
que no sabe leer. 

Espacios

Ya no quiero ocupar
los lugares que no me corresponden. 
Yo no soy el padre ejemplar,
ni el intachable hombre de traje y corbata. 
No soy trabajador ni inteligente. 
Nunca fui la pareja perfecta,
ni el amante atento y cariñoso. Ni siquiera
el amigo fiel que siempre estuvo allí. 
Yo no era como me mirabais
cuando no me veíais. 
Yo soy como tú -y tú y tú, vosotros- 
o incluso peor: 
imperfecto, desubicado, 
el payaso triste; 
generoso y egoísta, 
poeta y zafio a partes iguales,
amoral y recto,
“suicida y homicida”,
ángel (caído), animal humano. 

La única diferencia 
es que yo ya no le miento a los espejos 
en los que antes no me reflejaba. 

Oculto

No las busqué,
pero me he acostumbrado.
La oscuridad me alivia
de la férrea blancura de la luz
que dañaba mis ojos.
La soledad me libera
del ruido ensordecedor 
de la ciega muchedumbre. 
Como un cazador solitario,
un bucanero proscrito
que huye de cada isla
cuando cae la noche,
me muevo entre las sombras.
Aprecio la luna nueva 
por encima de la llena inmisericorde. 
Sólo una estrella lejana me vigila
y también busca el cobijo de las nubes 
cuando alguien se acerca. 
Nadie sabe quién soy. 
Lentamente, incluso yo
me voy olvidando de mí mismo. 

Sueña

La diferencia entre tocar 
uno sólo de tus rizos 
y no hacerlo
no está en la distancia, 
ni siquiera en el tacto.

La diferencia está 
en que tú me sueñes
como yo te sueño. 

Canto

Canto a lo que me rodea,

a lo que toco.

No le canto a las aves 

porque ya ellas cantan.

Y vuelan.

No le canto a las olas 

mar adentro:

canto a las que acarician nuestros pies. 

Canto al árbol y al bosque

cuando paseo por él,

no cuando me lo invento. 

Canto -menos de lo que debería-

a la miseria de los hombres:

no a la miseria humana. 

Canto al amor que tengo,

que deposito en ti,

el amor que me acompaña:

no conozco más amor.


Canto en silencio 

lo que tendría que gritar

y canto a viva voz

lo que habría de callarme.

Uno

“Uno está tan solo en su dolor...”
(E.S. Discépolo)

Uno pasea por el bosque 
pero se detiene sólo 
ante un árbol. Y lo observa,
no lo riega ni lo abraza:
es un árbol libre. 
Uno sólo lo mira:
ve sus ramas elevarse,
las hojas que quedan 
y las que se caen,
las raíces con las que tropieza
y las que no ve. 
Uno sabe que ese es su árbol, 
precisamente porque no es suyo. 
Uno sabe que es de sí mismo,
orgulloso en mitad del bosque. 
Uno se aleja sabiendo 
que volverá a buscar 
su sombra, su cobijo.
Y trata de contar sus años, 
pero jamás cortaría su tronco 
para ver sus anillos. 

Luces

Otros persiguen sin hallarla
una luz, un foco que les ilumine.
Yo miro el faro 
desde la distancia y veo
pasar su haz mostrándome el mar
y el acantilado.
A mí no me roza. 

Yo busco otra luz.
Más adentro.
Dentro de algo que no sea
“tú” o “yo”. 
Llegará. 
Tal vez. 

Nieve

Sigue ahí la montaña de nieve,
ahora negra,
como esos recuerdos 
que se niegan a diluirse
y se tornan cada vez más oscuros.
Llueve y hay un viento helado
que trata de llevárselo todo. 
Pero sigue ahí: 
recordándote quién eres. 

Algún día, la nieve
volverá a ser blanca. 

Epitafio

Murió. Vivió 
como quiso.
O como pudo.
O como le dejaron. 
De nada se arrepiente.
O sí, pero no importa ya. 

Algunos le llamaron Amor.
Y tuvo muchos otros nombres:
Celos, Pasión, Recuerdo, Olvido,
Prosa, Poesía, Música, Danza,
Sombra, Luz, Océano, Infierno,
Abrazo, Distancia, Familia, Ausencia, Envidia...
Y Árbol, Bosque, Desierto: 
no caben en un poema. 

A él le gustaba más el nombre 
Nadie. 

Guerrero inútil

Cota de malla, armadura.
Que no se claven
la lanza ni la espada.
Que no alcancen las flechas.
Picar espuelas y escapar 
de la batalla 
que pudiera otorgarnos la gloria
o la muerte. 
No sentir el dolor. 

Descabalgo. Arranco
una flor.
Y lloro frente al mar
dejando atrás tantas justas  perdidas.
El dolor siempre duele. 
El amor siempre ama. 

Velamen

El barco se aleja de mi orilla.
No puedo gobernarlo.
Tiene su propio timón.
La vista -ni con catalejo-
no me permite vislumbrar la playa:
sólo veo la estela, la distancia. 
Se apaga.
Yo me apago. 

¿Cuándo se podrá ver 
lo que sí, lo que no?
¿Cuándo el espejo del mar
evitará el engaño del cerebro? 

¿Cuándo se pondrá el sol
y en qué horizonte? 

¿Cuándo amanecerá...
si es que amanece? 


Lector

No leo con mis ojos.
Leo con los ojos 
de alguien que no está,
que no soy yo.
Pero esos ojos 
son los que me alumbran,
los que no tienen vista cansada,
ni astigmatismo.
Son los ojos 
que me enseñaron la poesía. 
Para todo lo demás,
estoy ciego.

Flâneur

Soy lo que soy.
Sirvo para lo que sirvo.
Para nada más. 
Y no valgo para muchas cosas.
En realidad, no sé si sirvo para algo
o sólo me paseo por el mundo
dejando que el mundo pasee bajo mis pies.
Quizá no sea poco:
pasear y girar.
Hasta que el tiempo acabe
y no haya que preocuparse  
por ninguna utilidad, 
ni un paso más. 
El mundo seguirá girando. 

Mentiras

El espejo sólo miente 
cuando no estás delante.
O cuando, ante ti,
hay un ente más grande 
que te tapa sin que tú lo veas.


El poema sólo miente
cuando el poeta miente.
Y a este lado del espejo 
y del poema 
nos creemos el engaño.


Esa es la gran mentira. 
Pero no es culpa del espejo.
Ni del poema.