Año ¿nuevo?

Suena otra vez, no la campanada, 
su eco en el salón 
                 vacío 
en el que cada año apuras 
sus últimos segundos,
los primeros del que viene,
ajeno a la alegría (¿será real?)
que se desata fuera.
No, no es tristeza exactamente 
aunque no te sumes a la algarabía.
Es sólo el paso del tiempo:
idéntico, si no peor, 
el que viene y el que se marcha… 
Y, en cualquier caso, tiempo que no
se detiene, soledad
que lo acompaña.

No sabes

No. No lo sabes.
No lo sabes porque 
no lo digo
y aunque lo dijera quizá 
tampoco lo sabrías 
porque nunca se dice 
todo lo que se cree estar diciendo.
Porque las palabras
también mienten 
o no bastan. 
O son demasiadas 
y tampoco sirven.
Imposible saberlo.