Quid pro quo

Jamás obligué a alguien 
a estar donde no quiso.
Siempre tuve las puertas abiertas.
Nunca pedí a nadie nada 
que yo mismo no pudiera dar.
Seguramente he dado 
todo cuanto he podido.
Seguramente, a veces, haya sido insuficiente.
Seguramente, a veces, haya sido de más.
Pero es lo que soy: 
sin rima, sin embustes y sin trampantojos.
Seguramente, el error sea mío.
Pero se me hizo tarde para morir joven.
Se me hizo tarde la noche 
para cambiar el color
de otro amanecer.


Visiones

La intuición, cierta o no, 
que se clava en el costado.
La palabra no dicha 
que se ve palpitar en la garganta
que tienes frente a ti.
El “pre-sentimiento” 
que alegra (o duele) 
tanto o  más que el mismo sentimiento
cuando llega. 
El maldito don, la bendita maldición
de verlo todo antes... 
o después o durante pero ver 
lo que quiere ser visto
y lo que no.
No escapar del futuro
porque tal vez ya ha pasado. 
Confiar solamente en estar, una vez más,
feliz o fatalmente equivocado.

Navegando

Velas negras, mar rizada, 
cantos de sirenas 
                             abisales 
que sólo escuchan los muertos,
los náufragos difuntos 
que ya no pueden ver 
ni la luna ni la estrella polar
con sus cuencas vacías. 
Viejos piratas, viejos marineros,
viejos soldados de guerras perdidas,
de pecios perdidos...
Emerged e izad 
vuestras banderas rotas,
vuestros viejos cañones oxidados.
Con vosotros navego:
sin rumbo, sin destino...
pero sigo desafiando a la tormenta.

Aves de paso

Mi único pasatiempo últimamente 
es mirar por la ventana y ver 
los pájaros que pasan:
los cuento y observo 
sus distintos plumajes,
sus dispares maneras de volar, 
de posarse, 
de volver a alzar el vuelo...

Sueño 
con que alguno de ellos seas tú,
ese ángel disfrazado de ave,
y te alojes para siempre en mi balcón.

Burro

Sirvo para lo que sirvo:
tiro del carro, doy 
vueltas a la noria 
para sacar el agua que otros beben.
Dicen de mí 
que soy noble.
Y bueno... al menos eso dicen.
Procuro rebuznar 
lo menos posible 
y no dar coces.
Yo mismo me espanto con el rabo
a los malos insectos,
sin molestar a nadie,
sin pedir nada a cambio.
De un pariente lejano escribió 
un gran poeta
que era peludo y suave...
Yo no sé si llego a tanto, me conformo 
con un par de zanahorias 
y un cubo de agua fresca.
Y un lecho de paja para dormir...
pero duermo solo.

Dolores

Duele tu silencio como, a veces,
duelen las palabras 
o duele el ruido.
Duele tu ausencia como, a veces,
duelen los espacios 
que yo no sé llenar.
Duele la distancia como, a veces,
duele sentirte más cercana 
de otra tierra, de otro cielo.
Duele el presente como, a veces,
duelen el pasado 
y el futuro incierto. 
Duele el dolor como, a veces,
duele el amor
que no se tiene
                          cerca.

La casa vacía

Llegar a la casa
                           vacía,
silenciosa y triste 
y como incompleta.
Ver llorar a paredes azules,
suspirar a techos blancos
y respirar ausencia el suelo.

Y de pronto, una bufanda
olvidada en una silla;
un calcetín que se escondió 
debajo de la cama;
un resto de carmín en ese vaso.
Comprobar que está todo
tan lleno de ti.

Y tú no estás. 

Deconstruido

No me había dado cuenta:
he salido a la calle descalzo pero igual
he seguido caminando.
A los pocos pasos, se cayeron mis pies,
pero seguí andando sobre los muñones.
Después, se cayeron las piernas, los brazos... 
pero yo seguí avanzando.
Al final, me abandonaron 
huesos, músculos, vísceras...
Mi cerebro cayó por una alcantarilla.
Mi corazón siguió rodando calle abajo. 

Oscuro

Se apagaron los focos.
Navego a la deriva y me dirijo
directo a la tormenta.
Sin brújula, sin luz, sin más orientación
que la estrella que brilla tan arriba
que a veces ni la veo.
Nunca fui navegante, quizá sólo
me dejaba arrastrar por las corrientes.
A veces veía faros 
donde sólo hubo cantos de sirena...
o deriva, deriva hasta algún puerto.
Ya ni siquiera sé 
si he tocado tierra alguna vez.
¿Es tierra eso que veo allá a lo lejos?
¿O es sólo una más 
de las negras alucinaciones 
que provoca la blanca oscuridad?

Tres niñas me saludan sonriendo
desde una orilla que no sé si existe.

Inútil

Ya no sirve que el sol
salga todos los días 
aunque sea entre nubes.
Ya no sirve que la luna sea 
nueva, llena o cuarto menguante.
Ya no sirve ver el mar 
desde una ventana de Madrid.
Ya no sirve abrir los ojos.
Ni cerrarlos.
Ya no sirve soñar 
ni estar despierto.
Ya no sirve pensar 
en un futuro que no existe 
ni pensar en el pasado que murió.
Y el presente... ¿qué significa “hoy”?
Ya no sirve la poesía. 
Ya no sirvo.

Tonto

Tonto de mí, pensé 
que sería capaz de rellenar
todos los huecos,
que sería capaz de derribar 
todos los muros 
y de apartar, una a una,
todas las piedras del camino.

No soy un superhéroe, nunca
aspiré a tapar el sol,
a bajarte la luna como hacen los poetas
o a ponerle tu nombre a alguna estrella.

Tonto de mí, pensé 
que bastaría con quererte como 
-de eso sí estoy seguro-
sólo yo sé querer 
(y no es presunción).

Tonto de mí, olvidé
que soy sólo un pobre mortal
y que las diosas son 
inmortales, etéreas, intangibles
y siempre inalcanzables.

Es

La tapan (la tapáis) 
con velos, con cortinas.
La relegan (relegáis)
a sombras y semi oscuridades.
La visten (la vestís)
de colores distintos 
por ver si así triunfa el daltonismo.
La disfrazan (disfrazáis)
de matices, de gustos, de opiniones,
de religión, de ideología, dogmas,
de creencias y hasta de libertad...
Es más fácil decir “eso no existe”
que afrontar lo que asusta.

Pero allá, en su cueva, 
tal vez oculta a todo lo mortal y lo inmortal,
existe una verdad que no podéis 
(no podemos)
                              cambiar. 
Por mucho que nos duela.


Mañana

Se levanta la niebla y es como si el mundo
renaciera de nuevo:
la montaña es más alta,
los árboles más verdes,
el río pareciera haber alzado su rumor de agua,
la hierba rezuma, susurra rocío...
El camino ha despertado, 
sus curvas se desperezan 
y vuelven a mostrar todos los recovecos 
que recuerdo de ayer.

Miro al horizonte y te veo a lo lejos.
Pero, tú sí, sigues envuelta en niebla:
imprecisa y borrosa en la distancia.
Es hora de empezar a andar.

Mientras

En el rescoldo del día
aún late la esperanza 
de una llama más viva 
cuando llegue la noche.
Pero la brasa del sol se va apagando
y la lumbre no llega a calentar la cama.

Mañana alguien levantará 
sábanas y edredones
y encontrará cenizas...
O tal vez un sol nuevo.
Pero no lo sabréis hasta mañana.