Edades

Me miro en el espejo: ese
de ahí no soy yo.
Yo no tengo cuarenta y cuatro años.
Yo soy mucho más joven.
No son mías las canas, las ojeras,
las arrugas encima de los ojos.
O tal vez sí, tal vez toda esa carga
de la vida que crece
mientras sigo mirando sea yo.
De pronto soy un viejo, tengo
noventa años y la muerte se asoma
por encima del hombro y me susurra
que ya me va quedando poco tiempo.
Sí, este también soy yo.
Y ese niño de pronto que apenas si se ve
en el espejo,
es demasiado alto este lavabo.
Ese niño de ojos asombrados
que tiene miedo de la oscuridad,
¿quién apagó la luz?
¿Qué hago en este baño,
desconsolado y solo, a oscuras,

a mis cuarenta y cuatro años?

©Santiago Pérez Merlo

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