Aitana, come

¿Recuerdas la canción,
la cantinela que era casi 
el pan nuestro 
de todas las comidas?
“Aitana, come; Aitana, 
más deprisa; Aitana,
la cuchara; Aitana,
el tenedor; Aitana, 
que se enfría…”

Ahora que has crecido,
que no se te derriten los helados 
y que pelas las gambas
como el mejor “sushi man”,
que algunos días incluso
me miras aburrida 
desde tu plato limpio
mientras yo sigo masticando…

Ahora, te decía, 
es el mejor momento
para que recuerdes
el final de la vieja canción:
“no hace falta que comas
deprisa, sino seguido”.

No olvides la lección 
y aplícasela a todo
lo que hagas en la vida.
Sin atragantarte, sin comértelo 
todo a cucharadas grandes 
y nerviosas… 
Despacio y a tu ritmo, 
que tienes mucho tiempo.
Pero sin parar, sin entretenerte 
con migajas ni enredarte 
limpiando de las comisuras
los restos de lo que no valga la pena.
Un trago de agua fresca 
y a por el siguiente
pedazo de lo que la vida 
te ponga por delante
hasta dejarla limpia,
Aitana, feliz y satisfecha. 

©Santiago Pérez Merlo

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