Adiós

Atrancad las puertas de la casa. 
Corred las cortinas 
y cegad los tragaluces.
Cerrad por fuera y dejadme dentro
de la casa vacía.
No quiero muebles ni adornos.
Dejad que el polvo se vaya acumulando alrededor.
Dejadme aquí, a solas, 
viendo pasar el tiempo 
hasta que el tiempo se extinga.

Entonces subiré al desván 
convertido en espectro
de mi propio fantasma
y viviré allí eternamente 
porque sólo seré una mota más 
de ese polvo acumulado;
no seré nada: exactamente igual
que ahora. 
Pero para siempre.

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