Ícaro

Probablemente nadie llorará mi ausencia
el día que por fin sujete firmemente
tus alas a mí espalda y me dirija
cual Ícaro revivido...
pero no al sol, a la luna,
a la luna que mirabas colgarse en la cornisa
de un palacio real para vernos de cerca.
Probablemente nadie
sabrá tampoco entonces que volé tan arriba
que esa misma luna congeló mi plumaje
y caí no en las aguas de Icaria

sino en el mar tranquilo del olvido.

©Santiago Pérez Merlo


La caída de Ícaro, Jacob Peter Gowy.

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