Amanecer

Deja que te envuelva la bruma,
que la niebla sea tu compañera 
y la tibia humedad de la mañana
te cale hasta los huesos
y te limpie hasta las vísceras. 
Camina entre abedules y eucaliptos
sin rumbo, sin saber qué es el norte 
y dónde el sur,
hasta que tus pies cansados 
te detengan a un lado del bosque 
y descubras, tan lejos y tan cerca,
un sol nuevo que brilla 
solamente para ti. 

El (merecido) destierro

¡Ah!, musa de los poetas, 

¿por qué me has abandonado? 


-Ni una interjección más.


¡Oh!, ¿por qué me hablas así,

lacerando -¡ay!- 

mi maltrecha escritura?


-Se acabó. ¿Te has creído 

que eres Bécquer 

o Fray Luis de León? 

Mete en una maleta 

tus interjecciones

y arde en el infierno

aburrido y sin ritmo de la prosa…


O, mejor, cállate para siempre. 

Cosas que no entiendo

La crueldad, la violencia.

La política, la macroeconomía. 

Las lágrimas de un niño 

en brazos de sus padres.

La violación, el racismo.

El odio, el desamor.

Las fotos “selfie” 

de las redes sociales. 

Los poemas fingidos 

que no contienen nada de verdad. 

Los “posts” y los “tweets”

a todas horas. 

Las novelas de amor 

que no tienen sentimientos. 

Los cuadros abstractos. 

Los tú sí pero yo no. 

Los gritos, el silencio.


En realidad,

creo que no entiendo nada. 

Ni falta que me hace.

Elipsis

Hay muchas formas de decir te quiero:
un billete de avión,
una foto en una librería 
o en un dormitorio, 
un ramo de flores…
Un buenos días, 
un cómo estás;
y cómo tus padres,
cómo tus hijos;
¿qué te ha dicho el médico?
Qué tal el perro, el gato;
tengo ganas de verte,
quiero follar contigo;
me ha encantado tu último poema;
me gusta que me llames 
y que no me llames…

Y podría seguir 
hasta el infinito.
Pero, a veces,
es mucho más sencillo pronunciar
un simple -y complicado-
te quiero con todas sus letras. 

Noche

Le tengo miedo a la noche
no por la negrura 
ni por el silencio.
Ella revela 
lo que la luz engañosa del día 
no me deja ver.
Y me abre los ojos y me muestra
lo que nadie más ve
porque les ciega el sol.
Y me grita. 
Esa es la luz oscura 
y el chillido 
que dan miedo. 

Pirata


Saludo a la noche
 
y saludo al día 
porque no distingo 
la luna del sol. 
Digo hola al mar 
y adiós a la tierra firme 
del continente y de las islas,
como un pirata 
al que corsarios de agua dulce,
protegidos por no se sabe qué 
divina majestad
acusan de latrocinio
con el aplauso del pueblo engañado. 
No sé de qué puerto zarpo
ni a cuál llegaré 
si otra tormenta no acaba con mi bajel. 
Pero veo el océano 
y un sol poniente naranja.