La noche me hace decir
lo que habría de callar y la mañana
me abre la boca que guarda silencio.
La luna me sonríe con sorna
y le falta, como en uno de esos dibujos infantiles,
guiñarme un ojo y decir
“es que eres tonto”.
El sol engaña con su brillo
porque no calienta.
Y una noche sucede a otro día.
Y, claro, otro día a la noche.
“Matrioshko”
Ha muerto un hombre y de él
ha nacido otro
que también ha muerto.
Así, como en una novela de terror,
uno tras otro hasta el infinito.
Cada uno era idéntico al otro
y en todo diferente.
Todos encerrados
dentro de su antecesor.
Sólo el primero conoció la luz.
La pregunta es
¿qué les mató? ¿por qué murieron?
ha nacido otro
que también ha muerto.
Así, como en una novela de terror,
uno tras otro hasta el infinito.
Cada uno era idéntico al otro
y en todo diferente.
Todos encerrados
dentro de su antecesor.
Sólo el primero conoció la luz.
La pregunta es
¿qué les mató? ¿por qué murieron?
Ayeres
Me quedo con ayer.
Mañana no sé si existe y hoy
ha pasado antes de pronunciarse.
Ayer hubo presente
y futuro
-paradójicamente-.
Qué extrañas las palabras
que tratan de fijar el tiempo.
Porque el tiempo no deja de correr,
nunca está quieto.
Sólo el amor
y el miedo
tratan de aguantar las embestidas
de los relojes y los calendarios.
Pero, ¿lo consiguen?
¿Cuál de los tres triunfa
en la maldita lucha sin cuartel?
¿Tiempo? ¿Miedo? ¿Amor?
Sólo la muerte.
Mañana no sé si existe y hoy
ha pasado antes de pronunciarse.
Ayer hubo presente
y futuro
-paradójicamente-.
Qué extrañas las palabras
que tratan de fijar el tiempo.
Porque el tiempo no deja de correr,
nunca está quieto.
Sólo el amor
y el miedo
tratan de aguantar las embestidas
de los relojes y los calendarios.
Pero, ¿lo consiguen?
¿Cuál de los tres triunfa
en la maldita lucha sin cuartel?
¿Tiempo? ¿Miedo? ¿Amor?
Sólo la muerte.
Antes
Espero la hora adecuada
para llamar aunque nunca
sepa si tendré respuesta.
Una sonrisa amarga
asoma a mis labios recordando
poemas de silencio
que abrían puertas
y hacían saltar cerrojos;
para llamar aunque nunca
sepa si tendré respuesta.
Una sonrisa amarga
asoma a mis labios recordando
poemas de silencio
que abrían puertas
y hacían saltar cerrojos;
llenaban vacíos
y ocupaban espacios ya ocupados.
Ese tiempo pasó:
el silencio es silencio y se rompe
-o no-
lejos de la poesía.
La poesía no sirve para nada
cuando no tiene vida.
Y la vida es una hija de puta
que no sabe leer.
el silencio es silencio y se rompe
-o no-
lejos de la poesía.
La poesía no sirve para nada
cuando no tiene vida.
Y la vida es una hija de puta
que no sabe leer.
Espacios
Ya no quiero ocupar
los lugares que no me corresponden.
Yo no soy el padre ejemplar,
ni el intachable hombre de traje y corbata.
No soy trabajador ni inteligente.
Nunca fui la pareja perfecta,
ni el amante atento y cariñoso. Ni siquiera
el amigo fiel que siempre estuvo allí.
Yo no era como me mirabais
cuando no me veíais.
Yo soy como tú -y tú y tú, vosotros-
o incluso peor:
imperfecto, desubicado,
el payaso triste;
generoso y egoísta,
poeta y zafio a partes iguales,
amoral y recto,
“suicida y homicida”,
ángel (caído), animal humano.
los lugares que no me corresponden.
Yo no soy el padre ejemplar,
ni el intachable hombre de traje y corbata.
No soy trabajador ni inteligente.
Nunca fui la pareja perfecta,
ni el amante atento y cariñoso. Ni siquiera
el amigo fiel que siempre estuvo allí.
Yo no era como me mirabais
cuando no me veíais.
Yo soy como tú -y tú y tú, vosotros-
o incluso peor:
imperfecto, desubicado,
el payaso triste;
generoso y egoísta,
poeta y zafio a partes iguales,
amoral y recto,
“suicida y homicida”,
ángel (caído), animal humano.
La única diferencia
es que yo ya no le miento a los espejos
en los que antes no me reflejaba.
Oculto
No las busqué,
pero me he acostumbrado.
La oscuridad me alivia
de la férrea blancura de la luz
que dañaba mis ojos.
La soledad me libera
del ruido ensordecedor
de la ciega muchedumbre.
Como un cazador solitario,
un bucanero proscrito
que huye de cada isla
cuando cae la noche,
me muevo entre las sombras.
Aprecio la luna nueva
por encima de la llena inmisericorde.
Sólo una estrella lejana me vigila
y también busca el cobijo de las nubes
cuando alguien se acerca.
Nadie sabe quién soy.
Lentamente, incluso yo
me voy olvidando de mí mismo.
pero me he acostumbrado.
La oscuridad me alivia
de la férrea blancura de la luz
que dañaba mis ojos.
La soledad me libera
del ruido ensordecedor
de la ciega muchedumbre.
Como un cazador solitario,
un bucanero proscrito
que huye de cada isla
cuando cae la noche,
me muevo entre las sombras.
Aprecio la luna nueva
por encima de la llena inmisericorde.
Sólo una estrella lejana me vigila
y también busca el cobijo de las nubes
cuando alguien se acerca.
Nadie sabe quién soy.
Lentamente, incluso yo
me voy olvidando de mí mismo.
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