Ecuación

Se pudiera decir que me han amado
“x” mujeres y que yo he amado
a digamos que  “y”.
La intersección
entre ambos conjuntos
la llamaremos “z”,
donde “z” es la base para hallar
el logaritmo que nos lleve
a un número perfecto
que aún es una especie
de octavo problema del milenio.
Y que, si tiene solución,
es una soledad que tiende al infinito…

(Al menos,
con los conocimientos actuales).

©Santiago Pérez Merlo

Alicia se hizo mayor

No debiste salir.
¿Quién te ha dado permiso
para abandonar tu puesto?
A quién coño le importa tu realidad...
O la suya. O la mía.
¿Quién decide lo que es
real?
Yo te quería así: caracteres,
renglones, tinta negra
en papel.
Y nada más que eso.
¿Por qué tuviste
que abandonar
el cuento?

©Santiago Pérez Merlo

Besos

Hay trasnochados besos en la mano,
en la cara o en la frente 
que queman 
como coito inesperado.
Y hay apasionados besos en la boca
que duelen 
como palmaditas en la espalda.

©Santiago Pérez Merlo

Génesis

Igual que el verbo se hizo carne,
tú estás a un paso de ser
ojos, piel, boca, manos, risa,
a un instante de salir
de este cascarón de la virtualidad
y la distancia que insinúa
pero no enseña,
que muestra pero oculta
y promete tan sólo
las promesas que inventamos.

¿Qué habrá detrás de ti,
de la imagen que conozco
y que no es más que reflejo,
píxeles organizados
pero inertes?
¿Serás tú principio
y fin? ¿Los cielos
y la tierra y el pecado
y el Edén
y el castigo –espada llameante-
y el árbol de la vida?

Y sobre todo, ¿qué encontrarás
detrás de mí?
No albergues
grandes esperanzas.
Olvida las expectativas:
sólo un hombre,
alma viviente,
y un puñado de poemas,
carne mortal 

hecha verbo.

©Santiago Pérez Merlo

La busca

He buscado entre miles de letras 
formar una palabra 
que llevara a una idea
que me llevara a un verso 
que llevara a un poema. 

Busqué antes aún, entre cientos de poemas, 
un verso 
que llevara a una idea
que llevara a la palabra
                                     que quería decirte.

Y antes 
y después 
sólo encontré:
silencio.

©Santiago Pérez Merlo

El café

Un café. Solamente 
un café solo
se puede convertir 
en un dulcísimo comienzo
o en un recuerdo amargo.
Y no importa el azúcar
que le eches.

©Santiago Pérez Merlo