Poesía (final)

Tú me diste y tú me quitaste
las ganas de escribir.
Tú me mostraste tu lado seductor,
lisonjera dama de compañía 
en noches de soledad,
y me acunaste con tus brazos de aire. 
Después me ninguneaste:
tachaste sin consideración 
cada uno de los versos escritos y leídos 
y dejaste de vigilar el trazo de mi lápiz 
sobre la cara oculta de la marea.
No te gustó mi verdad: es más fácil 
la mentira agradable a los oídos.

Muérete, pues, en los brazos 
de quienes te susurren, 
aunque sean soplido sus palabras…
Y deja que yo siga con mi grito
viviendo mi prosaica vida de bufón. 

Como aire

“… todo es del viento
y el viento es aire
siempre de viaje…” 
                   (Octavio Paz)


Como el viento que pasa entre las ramas 
de algún árbol:
así pasa mucha gente por mi vida,
dejando apenas un ligero soplo
y un leve temblor
de alguna hoja.

Así mismo paso yo
-que soy viento a mi vez-
por la vida de otros: 
haciendo como mucho 
temblar alguna hoja
 o haciéndola caer sin darme cuenta
(y le pido perdón si le hice daño).

Así pasa la vida
entre soplos, temblores,
alguna que otra muerte…
Y admirando el prodigio
de seguros brotes nuevos.

Amanecer

Deja que te envuelva la bruma,
que la niebla sea tu compañera 
y la tibia humedad de la mañana
te cale hasta los huesos
y te limpie hasta las vísceras. 
Camina entre abedules y eucaliptos
sin rumbo, sin saber qué es el norte 
y dónde el sur,
hasta que tus pies cansados 
te detengan a un lado del bosque 
y descubras, tan lejos y tan cerca,
un sol nuevo que brilla 
solamente para ti. 

El (merecido) destierro

¡Ah!, musa de los poetas, 

¿por qué me has abandonado? 


-Ni una interjección más.


¡Oh!, ¿por qué me hablas así,

lacerando -¡ay!- 

mi maltrecha escritura?


-Se acabó. ¿Te has creído 

que eres Bécquer 

o Fray Luis de León? 

Mete en una maleta 

tus interjecciones

y arde en el infierno

aburrido y sin ritmo de la prosa…


O, mejor, cállate para siempre. 

Cosas que no entiendo

La crueldad, la violencia.

La política, la macroeconomía. 

Las lágrimas de un niño 

en brazos de sus padres.

La violación, el racismo.

El odio, el desamor.

Las fotos “selfie” 

de las redes sociales. 

Los poemas fingidos 

que no contienen nada de verdad. 

Los “posts” y los “tweets”

a todas horas. 

Las novelas de amor 

que no tienen sentimientos. 

Los cuadros abstractos. 

Los tú sí pero yo no. 

Los gritos, el silencio.


En realidad,

creo que no entiendo nada. 

Ni falta que me hace.

Elipsis

Hay muchas formas de decir te quiero:
un billete de avión,
una foto en una librería 
o en un dormitorio, 
un ramo de flores…
Un buenos días, 
un cómo estás;
y cómo tus padres,
cómo tus hijos;
¿qué te ha dicho el médico?
Qué tal el perro, el gato;
tengo ganas de verte,
quiero follar contigo;
me ha encantado tu último poema;
me gusta que me llames 
y que no me llames…

Y podría seguir 
hasta el infinito.
Pero, a veces,
es mucho más sencillo pronunciar
un simple -y complicado-
te quiero con todas sus letras.