Amor

Hay palabras que mueren de muerte natural
y a otras en cambio las dejamos morir.
O las matamos.
Hace mucho (y no es sólo
por lo que están pensando)
Rita Hayworth en "Gilda"
que nadie me dice,
o me escribe al menos,
“amado mío, te amo”.
Más de uno (y yo mismo el primero)
se habrá ruborizado
o habrá torcido el gesto
en mueca de desdén.

Ahora es mucho más fácil
querer y ser querido
que amar y ser amado.

Y disculpen que vuelva al diccionario:
Amar es única y enormemente
“tener amor”… AMOR:
ese “sentimiento intenso
del ser humano que, partiendo
de su propia insuficiencia,
necesita y busca…”
Pero, ¿no se dan cuenta?
Querer, ya se lo aclaro,
es sólo “desear”, “apetecer”,
amar en el sentido de “tener cariño,
voluntad o inclinación”…
No puede ser lo mismo.

Pero, ay, amor amado,
a ti nadie te quiere ya.
Te gastaron
los poetas antiguos
y los cursis como yo
y ahora la gente se quiere
y lo confunde
con estar enamorado.
…
Yo habría dado la vida, escuchen bien,
¡la vida!
por que Margarita Carmen
Cansino Hayworth
me hubiera dicho
una sola vez
Amado mío... Amado.

©Santiago Pérez Merlo

Tiempos modernos

No conviene meterse en la cama
con un ordenador.
Foto de mislav-marohnic en Flickr
No es buena mucha orden.
Es preferible siempre
el juego entre iguales:
sin cables y sin redes
ni demasiadas contraseñas más allá
de las estrictamente necesarias
para acceder a los sitios oscuros.

No es aconsejable, por tanto, 
que sea ordenador. 
Ni una mandona.


©Santiago Pérez Merlo

Tópicos

La noche no es más negra mientras duermes.
La nieve no es más nieve antes de tú pisarla
y el agua no calma más la sed por que tú la bebas.
Y no hace más calor aunque tú sudes
ni es mayor el frío cuando andas desnuda casi al alba.
El león no es más fiero cuando no lo acaricias
ni es menos fiel el perro cuando no eres su dueña.
El mar no es más azul por tu bikini blanco.
El sexo no es mejor cuando tú lo provocas
ni yo soy mejor hombre cuando no me miras.

Pero no es culpa tuya. Ocurre sólo que

también la naturaleza es imperfecta.

©Santiago Pérez Merlo

Síndrome

Me han diagnosticado recientemente
Autor desconocido
una extraña dolencia que al parecer
está a punto de entrar en el listado
de enfermedades raras. El médico la llama
"Síndrome de Diógenes de los Recuerdos"
y es rara porque a veces
se confunde con enfermos a personas  
con sencilla -e inocua- buena memoria.
Lo que ocurre es que estos, lejos de la otra insania,
tan sólo tienen capacidad para acordarse
de fechas, direcciones, ubicar en los mapas
tal o cual monumento, qué sujetador
llevabas puesto (o si no lo llevabas) en la primera cita...
Los otros, sin embargo, apenas recordamos nada de eso,
pero nos dedicamos a amontonar recuerdos. “Amontonar”
es la palabra porque casi siempre se acumulan
inconexos, desordenados, sin fechas ni lugares,
polvorientos y ajados en su mayoría
y brillantes y nítidos las menos de las veces.
Pero quedan ahí, ocupando un espacio que sin duda
sería más provechoso dedicar
a otros menesteres.
Pasto de gérmenes y contaminaciones,
pudriéndose de moho y carcomidos de hongos…
Llenándolo todo.
A veces cuesta incluso caminar entre ellos.

©Santiago Pérez Merlo

Verbos

No sé por qué se empeñan en la escuela
en enseñar que encontrar y buscar son
verbos relacionados.
Uno puede pasarse la vida buscando
sin encontrar nada
o encontrarse de pronto con algo
(y sobre todo alguien)
que nunca había buscado.
Algo parecido ocurre
con las conjugaciones, y no sólo
(tiempo, persona, aspecto, modo),
de amar y ser amado.

©Santiago Pérez Merlo

Sueños de cine


Hay que escribir los poemas
antes de que el insomnio o la vigilia
te dicten los versos.
Si los dejas venir antes de tiempo,
cuando aún tienes el cuaderno
en las rodillas y el boli entre los dientes,
corres el riesgo de que traigan
de golpe recuerdos y fantasmas
y mitos eróticos y escenas
de películas distorsionadas.
Confundes a Loise Lane con la Princesa Leia
y a Galadriel o Arwen con La Princesa Prometida
(en todos los cuentos hay una princesa).
Confundes a los mitos vivos con los que murieron
antes de que tú nacieras,
como confundías hace años
a Cary Grant con James Stewart
o a Natalie Wood con Ingrid Bergman.
Confundes, y es peor, la realidad futura
que imaginas con un pasado
que ya no sabes si alguna vez fue cierto
y con este presente,
que en ese instante de camino al sueño
te dispara la serotonina.
Entonces quieres ser el dueño
de los labios que besan a la Bella Durmiente
pero acabas siendo la madre de Bambi,
quieres ser el bueno de la película de gángsters
y es la cara cortada de Capone la que ves en tu sueño.
Quieres escribir un poema-homenaje
al séptimo arte
y acabas divagando
y escribiendo estos versos.

©Santiago Pérez Merlo

Fotograma de "Cinema Paradiso"