Hay palabras que mueren de muerte natural
y a otras en cambio las dejamos morir.
O las matamos.
Hace mucho (y no es sólo
que nadie me dice,
o me escribe al menos,
“amado mío, te amo”.
Más de uno (y yo mismo el primero)
se habrá ruborizado
o habrá torcido el gesto
en mueca de desdén.
Ahora es mucho más fácil
querer y ser querido
que amar
y ser amado.
Y disculpen que vuelva al diccionario:
Amar es única y enormemente
“tener amor”… AMOR:
ese “sentimiento intenso
del ser humano que, partiendo
de su propia insuficiencia,
necesita y busca…”
Pero, ¿no se dan cuenta?
Querer, ya se lo aclaro,
es sólo “desear”, “apetecer”,
amar en el sentido de “tener cariño,
voluntad o inclinación”…
No puede ser lo mismo.
Pero, ay, amor amado,
a ti nadie te quiere ya.
Te gastaron
los poetas antiguos
y los cursis como yo
y ahora la gente se quiere
y lo confunde
con estar enamorado.
…
Yo habría dado la vida, escuchen bien,
¡la vida!
por que Margarita Carmen
Cansino Hayworth
me hubiera dicho
una sola vez
Amado mío... Amado.
Amado mío... Amado.
©Santiago Pérez Merlo



