El coraje es valor,
pero también es ira.
Y la ira es, a veces,
solamente la punta
del iceberg del dolor.
La gula del pobre es hambre.
La lujuria es deseo.
La soberbia tiene tantas caras
como seres humanos
vivimos en el mundo.
La avaricia es un caleidoscopio:
no es lo mismo atesorar diamantes
que avariciar amor.
La pereza es la musa del poeta.
El pecado no existe.
No obstante, y por si acaso,
yo, pecador, me confieso:
“por mi culpa, por mi culpa,
por mi grandísima culpa”...