Tú querías distancia y silencio.
Y yo callé; me fui muy lejos.
Tanto, que ya no sé dónde estoy
y he perdido la facultad de hablar.
Pero nada importa
si no sé dónde habito
o si he olvidado el lenguaje.
Sólo deseo que,
en el fondo de tu alma,
hayas encontrado
lo que yo he perdido.