“Errare humanum est”

Malvendo mi derecho a equivocarme 
a cambio de una única 
certeza sin fisuras
pero que sea capaz de convencerme.
(Aviso que no valen ecuaciones
ni dogmas de fe, ni paradigmas.)
Que alguien me convenza -por piedad-
que merece la pena 
por tal o cual motivo, salirse de la cama
y afrontar cada día
con la mínima esperanza 
de que hay algo, hoy, que puede mejorar.
(Y nótese que digo “cada día”, 
no vale un día bueno entre veintidós malos.)
¿Nadie se atreve? ¿Veo una mano alzada?
Ah, no: la señorita llamaba a un buen amigo.
Sigo reivindicando por lo tanto 
mi derecho al error de pisar este mundo
como si eso le interesara a alguien...
Y me vuelvo a la cama.

©Santiago Pérez Merlo

Distancias

No siempre lo mejor es acercarse.
A veces es mejor tomar distancia:
                                                    mirar.
Tal vez el universo es infinito.
Pero ese infinito también cabe
en un grano de arena, 
una nota musical...
en un silencio que se ve
o no se ve.
El truco es afinar
                           la mirada.

©Santiago Pérez Merlo

Anodinos

Siempre la misma gente 
en los mismos bares.
La misma gente en las aceras, la misma
gente en el metro y en los autobuses.
Idéntica en los cines, los teatros,
las redes sociales.
Los mismos rostros tristes,
soñolientos, alegres, aburridos.
Personas, personajes.
Mi mismo rostro siempre en el espejo.
Gente que va y que viene: gente
sin importancia.
Mala gente que camina.
Y buenas gentes.

Después, tú. Nosotros. Nadie más.

©Santiago Pérez Merlo

Mientras

Mientras duermo,
un niño está muriendo 
de hambre en algún sitio.
Y una pareja está engendrando un niño.
Mientras duermo,
hay bombas explotando
y hay una flor que brota 
al otro lado. O junto al agujero del obús.
Mientras duermo,
hay alguien escribiendo un verso
y hay un verso
que espera ser escrito y que tú sueñas.
Mientras duermo,
no se para el camino de la vida
hacia la muerte.

Mientras duermes, 
los sueños que tú sueñas
me dan vida.

©Santiago Pérez Merlo

Piadosas

Mira en el fondo de tu corazón y dime:
¿a cuánta de la gente que quisiste 
aún la amas? Dime:
¿a cuántos de los hombres 
-o mujeres-
de quienes dijiste estar enamorada? 
¿A cuántos aún quieres o
-ya que dicen que eso es el amor- 
admiras?
¿A quién se puede amar (si uno es ateo)
sobre todas las cosas?

Dime que sólo a mí...
Ya sabes que me encantan tus mentiras. 
Incluso las piadosas.

Maniqueo

De la vida, del amor, de la poesía.
De la muerte, del odio, de la nada.
De dios, de tu perfume...
De todo ello tengo
un concepto diferente del que impera.
O quizá no.
Tal vez tan sólo sea puro maniqueísmo.
Y la vida y la muerte
y el odio y el amor,
la poesía, la nada
no precisen de mis explicaciones.
Pero tú, tu perfume, dios...
tu ausencia.

©Santiago Pérez Merlo