"Soy el que soy"

No es lo mismo ocultar que no mostrarse.
No se oculta la sombra entre la luz
que se filtra por las ramas del ficus milenario.
Se oculta el árbol invisible que se planta
con manos invisibles y se poda
con tijeras que no existen.
No se muestra la real desnudez
del cuerpo ni del alma a casi nadie
y sin embargo
no hay ocultación cuando te tapas
el pecho ante el espejo para que yo no vea
lo que ya mi memoria ha aprendido
y no precisa por tanto ser mostrado.
Ni te ocultas cuando cierras los ojos
para que yo no mire
lo que ya sé que hay en su interior.

No me oculto cuando escribo
aunque no muestre
todo aquello que debiera ser dicho.
Si no fuera blasfemia, diría como “aquél”:
“soy el que soy”…
Pero yo, apenas, soy un hombre.

©Santiago Pérez Merlo

Verdades

Era todo mentira. Incluso
la verdad era mentira.
La mentira es la única verdad.
Y yo intruso, advenedizo
y diletante descubrí
que no hay nunca jamás tampoco
una sola mentira
pues tantas caras tiene como la
verdad.
No, no es un retruécano, no es
un juego de palabras sin sentido
ni son dos caras de la misma moneda.
Es una realidad tan evidente
que da miedo.

©Santiago Pérez Merlo
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Miradas

Podéis seguir, indefinidamente, 
con los ojos vendados.
Al fin y al cabo, ¿para qué mirar
tanta miseria como nos rodea?
Es más, ¿a qué mirar 
tanta miseria como almacenamos 
en nuestro interior?
Seguid mirando así, sin quitaros la venda:
hacedle caso
a este pobre ciego.

©Santiago Pérez Merlo

El castillo

A veces se nos llenan 
el corazón de amor
y la boca de miedos.
Si no es al revés o si el cerebro,
señor feudal de todos los demonios,
reclama su derecho de pernada,
se hace dueño 
del castillo completo y mata de hambre 
a cuantos nos negamos 
a vivir bajo, únicamente, 
el yugo de su capricho.

©Santiago Pérez Merlo

“Manriqueña”

Esta ciudad que no es mi ciudad
y este mar que no es mi río...
O tal vez sí lo sean
porque esta soledad acompañada 
no es la soledad de otras latitudes.
Mejor: es y no es porque es la misma 
que siento cada tarde pero a un tiempo 
siento la compañía que me trae 
el rumor de las olas 
en que escucho tu voz,
mujer de mar que naciste en un río. 
Pero ¿qué río y qué mar 
serán los que han de ver
morir las soledades...?

©Santiago Pérez Merlo

¿Poética?

Decir sin decir nada: ocultar al silencio 
con bonitas palabras 
que no añaden pero adornan
sin llegar a hacer ruido,
sin dañar como hacen 
a menudo las palabras...
Pero sin provocar tampoco 
un ligero temblor
o una sacudida.
Sólo eso: maquillar lo callado,
el miedo al grito,
al desgarro del alma que suena como un trueno
en medio de la noche y sobresalta.
Si eso es lo que llamáis poesía,
yo prefiero callar. 
Y que el silencio sea mi poema.

©Santiago Pérez Merlo