La mentira

Recibo cartas, postales 
de muy lejos 
y recuerdo -y sonrío-
aquel miedo a volar, el cansancio 
de los preparativos,
la fatiga de los aeropuertos...
Y sonrío -y recuerdo-
y me alegro de que hayas aprendido
a vencer ese "miedo", 
de que sepas por fin disfrutar el viaje.

Sonrío sobre todo 
porque no has aprendido
-y no era tan difícil- 
a mentir.

©Santiago Pérez Merlo

Sueños

Un día soñaré
sueños que quepan
en el libro infinito de los sueños.
Sueños de músicos
y de poetas
y de artistas que sueñan
con muchachas y tigres y granadas.
Sueños gigantes de cielos
y desfiles y luces y torrentes
y azul de mar
y sueños amarillos y naranjas.
Y sueños de mujeres y de hombres.
Sueños de Libertad
y sueños de lujuria.

Un día soñaré y estaré vivo.
Ahora sólo duermo.
Y despierto y no hay vida

sin sueños.

©Santiago Pérez Merlo

Vanidad

Sé que sueñas conmigo
en tus noches insomnes.
Y suena vanidoso, ya lo sé,
pero por más que intento,
por mucho que me esfuerzo,
yo tan sólo te pienso...
No te sueño.

©Santiago Pérez Merlo

Dormitorio

La pared es azul
y en la noche profunda,
cuando todo es silencio,
puedes oír el mar si estás atento
-estamos en Madrid-
y hasta puedes bañarte…
si lo sueñas.

Encima de la cama dos lesbianas
 –o eso dicen-,
amigas de Lautrec,
acompañan el sueño y también
puedes oírlas
en su dormir tranquilo.

En la mesilla y en el chifonier
los poetas descansan de día
y por la noche salen,
me recitan sus versos
(Qué quieres que haga yo?, Que mate a alguien?;
mañana no será lo que dios quiera;
querer sobrevivir
ha de ser la costumbre;
me pregunto cuánta gente en esta ciudad…).
Esos versos que, sin saber por qué,
asoman a mi boca al levantarme,
mientras me quito de la piel
restos de sal,
las amigas me dan sus buenos días
y aspiro
–estamos en Madrid-
este aire de mar.

©Santiago Pérez Merlo

Mi voz

No vine para hacer aportaciones.
No concibo escribir como quien firma
uno de esos planes de pensiones.
Traigo sólo mi voz,
mi voz desnuda, además.
Sin orquesta, sin adornos,
sin más aditamentos de los imprescindibles.
Y no es mucho, diréis.
Una más, otra voz entre miles de voces.

Pero igual que yo busco entre millares
una voz que me habla,
que me dice poemas al oído
que me calan, me inundan,
que me desasosiegan
o llaman a la vida, a la muerte,
alguien quizás está esperando
que mi voz,
ni mejor ni peor
pero la mía,
le susurre y le cale
y le inunde y le llame
a la vida y le cuente
mi muerte...
Y le aleje de la suya.

©Santiago Pérez Merlo

Horizonte

Es falso que el horizonte sea infinito.
Pon un barco a navegar
en un punto cualquiera del planeta
y más tarde o más temprano
tocará tierra
o hielo acaso,
pero hielo firme.

Del mismo modo tú, hombre, mujer
alcanzarás
tarde o temprano
tu destino.
Roca, hielo, desierto,
playa suave, selva...
Tocarás tierra firme.
Construye allí tu casa
y permanece al menos
el tiempo de mirar al horizonte
y reemprender
cuando estés listo
el camino.

©Santiago Pérez Merlo