Mirlo

He salido de mí.
Ya no soy yo. 
Ese que está enamorado, deprimido 
o absorto contemplando
un mar que no se ve, 
ya no soy yo.
Ahora soy un personaje 
de mí mismo, un embustero más.
Todo, por tanto, es mentira.
No hay amor ni depresión 
ni languidez de las olas
en un -falso- atardecer
en este amago de poema. 
Esto que veis 
es un mirlo que ni siquiera canta:
apenas pía 
sobre un cable de la luz
desde el que no se ve el mar. 

Jubilación

Quise ser redero, anudar 
los hilos sueltos 
y cerrar la trama para que ningún pez
pudiera resistirse a su captura.
Pero me he retirado:
ya no aspiro a pescar, 
prefiero ver a los peces, 
a las medusas que a veces se perdían,
nadar libres y bailar
sin proclamar su brillo.
Ese brillo fugaz es falso en tierra.
Quiero seguir navegando.
Pero dejé en el puerto
todos los aparejos y las redes. 
Era yo, pescador, el capturado. 

Descender

Es precioso (y preciso) soñar:
volar, crear, inventar
otros mundos que no estén en este
-aunque sea una entelequia-;
fabular, habitar
palacios en un barco,
castillos en el aire; desear
transformar la realidad y adaptarla 
al engañoso molde
de nuestras ensoñaciones.
Eso nos mantiene vivos.
(¿O tal vez nos mata?)

Pero cuánto mejor sería traer a la tierra,
a las nubes que pisamos, 
lo que dicen que nunca ocurrirá...
Y así volver a vernos, a tocarnos,
respirar el mismo aire
que trae la misma magia diferente...
La misma luna y el mismo sol
-hoy apagados-,  las mismas mareas 
y las mismas sábanas 
de espumas violetas y de flores.

No es elevarse. Es descender. 
Pero hasta lo más alto: 
sin soñarnos. Viviéndonos. 

Los tres monos

No eran tan sabios
Mizaru, Kikazaru e Iwazar.
No ver no es una opción.
No oír es imposible a veces. 
Y aunque no fuera así,
la sabiduría se expresa
en lo contrario:
los ojos,
              bien abiertos;
los oídos,
                alerta. 
La boca, eso sí,
                         siempre cerrada. 

La mano

Dejas tu mano indolente en mi regazo 
y así te quedas dormida,
con el roce de la mía que no sueltas,
aferrada en tu sueño
como una niña ante el peligro
que sólo ella ve. 
Descansa: no me voy...
Y si en mi propio sueño lo  hiciera, 
volveré.
Tal vez tú no lo sabes, pero yo 
también necesito esa mano
que me cruza la calzada 
de la vigilia al sueño
y de allá al despertar.

¿Qué es el amor?

Dicen que es intangible el amor,
que no tiene forma ni rostro;
que son invenciones 
los mofletes y las alas de Cupido,
la belleza de Afrodita...
Y por supuesto lo son. 

Pero ellos no te tocan, 
no te saben, no te ven. 
Imposible que sepan 
que el amor
                   eres tú.