He salido de mí.
Ya no soy yo.
Ese que está enamorado, deprimido
o absorto contemplando
un mar que no se ve,
ya no soy yo.
Ahora soy un personaje
de mí mismo, un embustero más.
Todo, por tanto, es mentira.
No hay amor ni depresión
ni languidez de las olas
en un -falso- atardecer
en este amago de poema.
Esto que veis
es un mirlo que ni siquiera canta:
apenas pía
sobre un cable de la luz
desde el que no se ve el mar.