No he dejado de oír en estos días
aquella vieja selección
de las canciones que nos dedicamos:
de las más tristes
a las más esperanzadas.
De las primeras timideces
a las de amor más horteras.
Es mi banda sonora
porque todas dicen algo
que algún día nos dijimos.
Ningún título sabrán:
sólo son nuestros...
Es decir, infinitos y universales.
