Como una rosa en mitad del desierto,
como un cardo borriquero en un vergel.
Como un ateo en misa de doce
o un cura en medio de una invocación
a satanás.
Como el consabido pez
fuera del agua:
boqueando, boqueando.
El koala en mitad del incendio.
La víctima en mitad del atentado
que no sabe explicar.
El león moribundo que abandona la manada:
otro le sustituirá.
Y quizá nada de eso sea el fin
sino el principio.
Pero el principio ¿de qué?
Y duele. Vaya que si duele
como un cardo borriquero en un vergel.
Como un ateo en misa de doce
o un cura en medio de una invocación
a satanás.
Como el consabido pez
fuera del agua:
boqueando, boqueando.
El koala en mitad del incendio.
La víctima en mitad del atentado
que no sabe explicar.
El león moribundo que abandona la manada:
otro le sustituirá.
Y quizá nada de eso sea el fin
sino el principio.
Pero el principio ¿de qué?
Y duele. Vaya que si duele