Oscuro

Se apagaron los focos.
Navego a la deriva y me dirijo
directo a la tormenta.
Sin brújula, sin luz, sin más orientación
que la estrella que brilla tan arriba
que a veces ni la veo.
Nunca fui navegante, quizá sólo
me dejaba arrastrar por las corrientes.
A veces veía faros 
donde sólo hubo cantos de sirena...
o deriva, deriva hasta algún puerto.
Ya ni siquiera sé 
si he tocado tierra alguna vez.
¿Es tierra eso que veo allá a lo lejos?
¿O es sólo una más 
de las negras alucinaciones 
que provoca la blanca oscuridad?

Tres niñas me saludan sonriendo
desde una orilla que no sé si existe.

Inútil

Ya no sirve que el sol
salga todos los días 
aunque sea entre nubes.
Ya no sirve que la luna sea 
nueva, llena o cuarto menguante.
Ya no sirve ver el mar 
desde una ventana de Madrid.
Ya no sirve abrir los ojos.
Ni cerrarlos.
Ya no sirve soñar 
ni estar despierto.
Ya no sirve pensar 
en un futuro que no existe 
ni pensar en el pasado que murió.
Y el presente... ¿qué significa “hoy”?
Ya no sirve la poesía. 
Ya no sirvo.

Tonto

Tonto de mí, pensé 
que sería capaz de rellenar
todos los huecos,
que sería capaz de derribar 
todos los muros 
y de apartar, una a una,
todas las piedras del camino.

No soy un superhéroe, nunca
aspiré a tapar el sol,
a bajarte la luna como hacen los poetas
o a ponerle tu nombre a alguna estrella.

Tonto de mí, pensé 
que bastaría con quererte como 
-de eso sí estoy seguro-
sólo yo sé querer 
(y no es presunción).

Tonto de mí, olvidé
que soy sólo un pobre mortal
y que las diosas son 
inmortales, etéreas, intangibles
y siempre inalcanzables.

Es

La tapan (la tapáis) 
con velos, con cortinas.
La relegan (relegáis)
a sombras y semi oscuridades.
La visten (la vestís)
de colores distintos 
por ver si así triunfa el daltonismo.
La disfrazan (disfrazáis)
de matices, de gustos, de opiniones,
de religión, de ideología, dogmas,
de creencias y hasta de libertad...
Es más fácil decir “eso no existe”
que afrontar lo que asusta.

Pero allá, en su cueva, 
tal vez oculta a todo lo mortal y lo inmortal,
existe una verdad que no podéis 
(no podemos)
                              cambiar. 
Por mucho que nos duela.


Mañana

Se levanta la niebla y es como si el mundo
renaciera de nuevo:
la montaña es más alta,
los árboles más verdes,
el río pareciera haber alzado su rumor de agua,
la hierba rezuma, susurra rocío...
El camino ha despertado, 
sus curvas se desperezan 
y vuelven a mostrar todos los recovecos 
que recuerdo de ayer.

Miro al horizonte y te veo a lo lejos.
Pero, tú sí, sigues envuelta en niebla:
imprecisa y borrosa en la distancia.
Es hora de empezar a andar.

Mientras

En el rescoldo del día
aún late la esperanza 
de una llama más viva 
cuando llegue la noche.
Pero la brasa del sol se va apagando
y la lumbre no llega a calentar la cama.

Mañana alguien levantará 
sábanas y edredones
y encontrará cenizas...
O tal vez un sol nuevo.
Pero no lo sabréis hasta mañana.