Se apagaron los focos.
Navego a la deriva y me dirijo
directo a la tormenta.
Sin brújula, sin luz, sin más orientación
que la estrella que brilla tan arriba
que a veces ni la veo.
Nunca fui navegante, quizá sólo
me dejaba arrastrar por las corrientes.
A veces veía faros
donde sólo hubo cantos de sirena...
o deriva, deriva hasta algún puerto.
Ya ni siquiera sé
si he tocado tierra alguna vez.
¿Es tierra eso que veo allá a lo lejos?
¿O es sólo una más
de las negras alucinaciones
que provoca la blanca oscuridad?
Tres niñas me saludan sonriendo
desde una orilla que no sé si existe.