Tal vez...

Tal vez sólo no ser.
O ser de aire y ser
el aire que respiras
sólo.
No tocarte, envolverte.
No olerte,
dejarme respirar
cuando te falte el aire
y flotar entretanto
invisible, a la espera.
No asirte pero ser
asidero necesario.
No ser
nada.
Y ser todo.

O estar muerto.

©Santiago Pérez Merlo

Inalcanzable

Como en el viejo sueño recurrente 
de caer 
y despertarse 
en pleno descenso.
Pero yo no me puedo elevar,
no puedo desasirme 
de la tierra y volar alto.
Apenas un saltito 
como el niño que afronta un escalón
como un abismo 
ante el fingido asombro del adulto.
Tal vez la dicha sea no volar
sino observar las aves 
como observo las estrellas 
y nunca deseé ser astronauta.
Tal vez mi sueño 
no es más que un engaño.
Y, además, estoy despierto.

©Santiago Pérez Merlo

La danza

Y de pronto, sin venir a cuento
-y son tan aburridos esos "cuentos"-,
te pones a bailar 
por el pasillo y te deslizas
dejándote llevar 
no sé si por la música que suena
o por otra que tú escuchas.
Sorprendes mi mirada y te detienes...

Otro de esos momentos 
en los que desearía 
verte sin que me veas 
para que el baile 
no se acabara nunca.

©Santiago Pérez Merlo

Trabalenguas

Prefería los viajes de ida a los de vuelta
pero ahora creo que vuelvo
a donde antes iba 
y que voy a ningún sitio.
Si el viaje
ha de ser hacia la vida,
vuelvo cuando estoy yendo 
y después voy
hacia ninguna parte.

©Santiago Pérez Merlo

Antiotoñal

¿Yo también debería escribir
que se acaba el verano,
que se otoñan los versos
y la vida 
retorna por los fueros 
de la rutina, el tedio
y las obligaciones y septiembre
se convierte en el mes 
en el que los poetas 
van pisando las hojas 
de su propia desidia y repiten,
cansinos, 
los pasos que trillaron 
el septiembre pasado?
Pues no me da la gana.
Me niego a que el verano
se acabe en el verano y que la vida 
me imponga su camino y me lo cierre 
de nubes, de días cortos
y de melancolía.
Porque mi sol, amor, cuando sueño contigo,
sale todos los días 
y brilla sin que el tiempo
marque mis estaciones.

©Santiago Pérez Merlo

Viento

Parece que habla el viento 
y es porque trae en él 
envueltas las palabras de los hombres.
Trae los términos precisos  
y se lleva los innecesarios.
Aúlla las verdades 
y se lleva silbando las mentiras.
Y mezcla en su monólogo inconexo
aquello que los vivos recitan a los muertos
y aquello que los muertos responden a los vivos.
Por eso no entendemos 
al viento cuando habla:
a veces no sabemos de qué lado estamos.

©Santiago Pérez Merlo