Viajes


Una tarjeta-llave de un hotel abandonada
en el ascensor de un edificio de viviendas familiares
es casi tan absurda como un Sagrado Corazón
en la puerta rojiza y desconchada
de un sugerente motel de carretera
con luces de neón encima de la entrada.

O quizá no.

Quizá quien quiera que la haya perdido
(olvidado, descuidado, arrojado)
saliera ayer en busca del impagable
olor de la aventura,
del frescor de las sábanas de hotel
y la promesa del viaje
a lo desconocido

Y haya llegado hoy
(quizás tan sólo ha regresado)
al conocido ascensor de la rutina.

©Santiago Pérez Merlo

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