En la calle (II)

Lleva un traje ajadísimo y roto 
por el que asoman puños
de una camisa azul mugrienta.
Trata de conservar cierta elegancia.
Tiene una escasa bolsa 
que seguro constituye 
todo cuanto necesita.
Lleva unas gafas atadas 
al cuello y habla solo.
Camina, se detiene
para darse a sí mismo 
nuevas explicaciones.
Todo (cara, mirada, cuerpo, traje...)
en él es triste.
Le veo desaparecer en un portal
que anuncia una pensión 
de mala muerte.

Puta vida, me digo.
Puta vida, tal vez se diga él,
mientras se pierde.

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